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13-06-2008

Nuevos acercamientos sobre género y sexualidad en las propuestas de alter-globalización

Irene León

Ponencia presentada por Irene León, FEDAEPS, en el evento Género y Regulación: Conversación global/ local, AHRC Research Centre for Law, Gender and Sexuality - Kent Law School, Kent, Inglaterra, 13-14 de junio 2008

Hacia un concepto plural de género y sexualidad

Hacia finales del siglo XX, el mundo asistió a uno de los más significativos cambios en materia de comprensión de las relaciones humanas y sociales: la conceptualización de las relaciones de género, y el ulterior desarrollo de políticas, instrumentos legales, y mecanismos nacionales e internacionales orientados a reducir las disparidades [1]. Co-ligado a esto se despejó también la existencia de relaciones de poder en la sexualidad, su naturaleza política, su repercusión social, y su trascendencia de lo individual.

En ese proceso, además de las mujeres, se nombraron e identificaron grupos sociales enteros que, por su disociación de la heterosexualidad obligatoria, enfrentaban varias formas de segregación. Los colectivos GL por ej., que por primera vez se visualizaron como grupo social y no como individualidades asiladas.

El reconocimiento de las dimensiones sociopolíticas del cuerpo y las sexualidades, pasó desde entonces a ser parte de aquellos avances que la humanidad ha ido afirmando progresivamente, teniendo en mira justamente la humanización de la vida y de las distintas formas de expresión inherentes a ella. Es en ese marco que las feministas acuñaron, el concepto de derechos sexuales, que refiere principalmente a la autonomía personal y la libre toma de decisiones sobre la vida sexual, pero que también coloca a la sexualidad en el ámbito de los derechos, poniendo en evidencia su lugar en las relaciones sociales, políticas, económicas y de géneros.

Los movimientos sociales que postularon estos cambios –principalmente el feminista y luego el LGBT- imprimieron de esta perspectiva múltiples escenarios: el político y social, el académico, el institucional local e internacional. Pero si la agenda de cambios en las relaciones entre los géneros consiguió plasmarse en la formulación de legislación y políticas internacionales: principalmente en la ONU y otros mecanismos regionales, aquella sobre orientación sexual, registró avances mucho más focalizados pero también importantes. Los más trascendentes en el Sur: la inclusión de la no discriminación por orientación sexual en la Constitución Sudafricana (1996) y en aquella del Ecuador (1998). En este último caso, se reconoció también el derecho de las personas a tomar decisiones libres sobre su cuerpo y sexualidad; los derechos sexuales; y otros.

Los cambios que sucedieron en este periodo fueron múltiples, y abrieron las puertas para que el siglo XXI naciera con varias propuestas de reconceptualizaciones: la relativa a la pluralidad de las relaciones inter-géneros en las distintas sociedades, contextos y culturas –y hasta la existencia de distintas categorías intra-genéricas, en Asia central por ejemplo-; las referentes a las nuevas categorías sociológicas que resultan de las intersecciones entre distintas formas de discriminación; y también las inherentes a la pluralidad de las identidades de género –expuestas principalmente por el transgenerismo-.

Por otro lado, las nuevas expresiones de la imbricación entre el patriarcado y el capitalismo, transparentadas por las regresiones operadas en el periodo neoliberal, que agudizó las desigualdades estructurales a tal punto que en algunos casos neutralizó los derechos obtenidos a finales del siglo XX, se revirtió en el surgimiento de un nuevo discurso feminista, que desborda lo considerado especifico, para incursionar en lo considerado como general –La Carta Mundial de las Mujeres para la Humanidad, producida por la Marcha Mundial de las Mujeres, es un ejemplo-, como lo es en el campo LGBT aquel del Dialogo Sur/Sur LGBT, que se plantea como un espacio de resistencia a la globalización capitalista.

El siglo XXI nació con nuevos movimientos sociales, con nuevas visiones y nuevos cuestionamientos al orden sexual capitalista; al heterosexismo patriarcal; a los límites sociopolíticos que resultan del enfoque binario del concepto género, visibilizando la existencia del plural para este último. Según la filósofa Beatriz Preciado “No hay diferencia sexual, sino una multitud de diferencias, una transversalidad de las relaciones de poder, una diversidad de las potencias de vida.”, lo que interpela a enfocar la existencia de una multiplicidad de relaciones de dominación, de sujetos de la discriminación, y de las numerosas interrelaciones entre distintas formas de discriminación por varios motivos.

El surgimiento de movimientos organizados que ponen en evidencia esta multiplicidad y proponen la reformulación de la visión del sujeto político discriminado, controvierte uno de los más sólidos cimientos de las relaciones de dominación: el confinamiento de casi todo el mundo en la categoría de “minoría”, resultante de la legitimación de distintas ideologías discriminatorias: el sexismo, el racismo, el heterosexismo, el clasismo, y otros. En el siglo XXI, los movimientos que levantan reivindicaciones en torno a las sexualidades, interrelacionan cada vez más todas estas expresiones y están inmersos en el desarrollo de enfoques políticos que encaran tanto la dominación patriarcal como la capitalista, para proponer cambios de raíz.

Cambios institucionales internacionales y ejemplos latinoamericanos

Mientras tanto, en el escenario institucional internacional, las principales alusiones a géneros y sexualidad se mantienen de manera predominante en el área de la salud y la educación, poco aún en aquella de derechos. De allí lo innovador de las propuestas de los dos Estados latinoamericanos que han encaminado a la ONU iniciativas para reafirmar los derechos y libertades relativos a la orientación sexual y condenar las violaciones de los derechos humanos por ese motivo. La iniciativa de Brasil ante la Comisión de Derechos Humanos (2003) ganó el respaldo de 54 países; aquella del Estado ecuatoriano en la Conferencia Mundial contra el Racismo, la Discriminación Racial, la Xenofobia, y otras formas de Intolerancia Relacionadas (2001) registró el apoyo de unos 50 –incluida la Unión Europea que en aquel entonces contaba con 27 países-. Pero, si bien estas Declaraciones no progresaron en la ONU, de esta última Conferencia resultaron planes de acción y algunos consensos, que sí están siendo encaminados por los Estados. En el caso de las Américas, el Plan de Acción de la Sociedad Civil interrelaciona los derechos sexuales con las diversas problemáticas y sectores.

En América Latina y el Caribe, el proceso reivindicativo y la movilización política relativos a las sexualidades, centrados principalmente en torno a la afirmación de derechos y ciudadanía, y la formulación de políticas para la erradicación del sexismo, la discriminación por orientación sexual y la identidad de género, ha obtenido resultados institucionales concluyentes en casi todos los países. En el caso de América del Sur, donde casi todos los países están inmersos en procesos de cambio de modelo o por lo menos de ruptura con el neoliberalismo, las propuestas de creación de alternativas al modelo, que están en el orden del día incluyen estos tópicos.

En el Ecuador, la revolución ciudadana iniciada en el 2007, sólo necesitó de un año para formular su Plan Nacional de Desarrollo Social y Productivo con un enfoque transversal de género, e incluir en él ejes innovadores como la diversidad sexual, por primera vez concebida como asunto de preocupación nacional, que requiere de acciones, de políticas, y de una institucionalidad que es parte de las propuestas de reforma del Estado, que contempla la creación de una Secretaría de Estado especializada en la igualdad de las personas discriminadas por orientación sexual e identidad de género. Asimismo, en el diseño de la nueva Constitución, que está en marcha, con una dinámica que impulsa la contribución ciudadana, los nuevos textos adoptados, hasta aquí, incluyen ya la economía del cuidado, diversa y solidaria; la prohibición explícita de la discriminación por orientación sexual en el ámbito laboral, el reconocimiento del trabajo domestico, y otros. Los retos presentes en este caso giran en torno a la definición del modelo y los cambios estructurales que permitirían su aplicación.

En este mismo país, la ascendencia política de la igualdad entre los géneros es tal, que el poder Ejecutivo declaró a la violencia contra las mujeres como asunto de preocupación nacional y colocó a la salud y la educación -asuntos que involucran singularmente a las mujeres-, en estado de emergencia nacional; a la vez que se vedaron por decreto varias ostentaciones sexistas, tales como los concursos de belleza y otras actividades discriminatorias, en los lugares públicos.

Todas las nuevas Constituciones latinoamericanas del Siglo XXI, registran novedosos enfoques de género, algunas lo colocan como eje transversal, y todas sitúan la igualdad como prioridad. Esta última es mencionada también en las propuestas de integración regional, pieza clave para el afianzamiento de los mencionados cambios.

La Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (1999), la primera de esta camada, registra desde el lenguaje no sexista hasta el apelo a incorporar la perspectiva de género en las políticas macroeconómicas y planes de desarrollo; reconoce el valor económico del trabajo doméstico y el derecho de las amas de casa a la seguridad social; refrenda la igualdad en todas las esferas; y define en su preámbulo a los seres humanos –y no al capital- como sujeto del desarrollo.

Es en este último rubro que se evidencian las más significativas medidas tomadas en ese país. El Banco de Desarrollo de la Mujer, creado por la revolución bolivariana, es el único banco público dirigido por mujeres y orientado hacia sus necesidades, apunta sus objetivos a la erradicación de la pobreza y la exclusión que las afecta, y visualiza su apoderamiento como un proceso integral, que no depende apenas del acceso a los recursos, sino de cambios reales en las relaciones de poder. Los créditos mancomunados, solidarios, y cooperativos, abren posibilidades para esbozar una perspectiva económica extra-doméstica, moldeada desde lo colectivo.

La presencia de las mujeres en las iniciativas de poder popular –Misiones- es creciente, pero lo es también en las esferas de gestión del proceso revolucionario: la Asamblea Nacional es presidida por mujeres; al igual que el Consejo Nacional Electoral y diversos ministerios.

En Bolivia, país mayoritariamente indígena (62%), además de la inclusión de un significativo dispositivo constitucional relacionado con la igualdad entre los géneros (2008), destaca la identificación del país como plurinacional, lineamiento inclusivo que fue precedido de uno de los más significativos avances simbólicos, pero también material, como es la irrupción de las mujeres indígenas a espacios clave de decisión y de poder, hecho inédito en la historia, máxime si ese grupo social registra las más agudas consecuencias de una discriminación histórica, pues ellas hasta 1952 no beneficiaban siquiera de derechos políticos.

La llegada de las indígenas al poder no sólo las rehabilita a ellas como sujeto político, sino que evidencia una ruptura con las visiones tecnocráticas de la gestión del Estado, con el racismo y el androcentrismo. Un símbolo de esta nueva tendencia es el papel jugado por la líder campesina Silvia Lazarte, bajo cuya presidencia se aprobó la nueva Constitución boliviana, aún bajo recias presiones de la derecha, que se obstina en impugnar el peso de las mayorías, regla del juego democrático electoral que la propia democracia burguesa produjo.

En Brasil, está en marcha la formulación de una política de Estado, concretizada en el Plan Nacional de Política para las Mujeres, cuya formulación fue precedida de un voluminoso proceso de consultas, en las que participaron tanto las instituciones nacionales y estatales como las organizaciones sociales, su aplicación apunta a agilitar las políticas de género en las esferas gubernamentales y tomar medidas para que, por ejemplo, los 15 millones de mujeres jefas de familia mejoren su situación. Sus contenidos están orientados a efectivizar los derechos civiles, políticos, sexuales y reproductivos, e implementar políticas de educación, cultura, comunicación y producción de conocimiento. El Estado brasileño fue el primero en poner en marcha un programa nacional: “Brasil sin Homofobia” (2004) que además de la creación de una secretaria especializada en la materia, propone políticas de educación, salud, cultura y justicia.

Uruguay también aprobó el primer Plan Nacional de Igualdad de Oportunidades y Derechos, Políticas Públicas hacia las Mujeres 2007-2011, con el objetivo de priorizar los derechos de las mujeres en la agenda pública. Sus líneas de acción tienen el propósito de fomentar una visión integral de la igualdad, afrontando la discriminación por sexo, género, edad, raza, etnia, religión, orientación sexual, nivel socioeconómico, lugar de residencia y discapacidades.

En Cuba, el único país de la región que mantiene una política de Estado consistente desde hace medio siglo: la igualdad socioeconómica, el acceso al conocimiento, a las esferas de poder y decisión, la participación, y otros requisitos para la igualdad de las mujeres, registra avances sin precedentes en la región y están respaldos por una agenda de proceso, orientada al logro pleno de la igualdad. Siendo así, el más reciente avance en términos de igualdad y eliminación de todas las formas de discriminación, es el reconocimiento del derecho a legalizar la identidad de género por opción, hecho inédito en el hemisferio, planteado en la Asamblea del Poder Popular en el 2007. Cuba es el único país de Latinoamérica donde las personas transgénero benefician gratuitamente de cuidados y medicinas para su transición de sexo. En el 2008, el Centro Nacional de Educación Sexual –con estatus de secretaría de Estado- organizó un amplio debate nacional sobre la erradicación de la homofobia, en la que participaron las más altas instancias del poder popular. Esta iniciativa de sensibilización social, es concebida como medida complementaria a la existente dotación de un amplio programa nacional que incluye educación, salud, empleo, comunicación, justicia, etc

Pero también se registran algunos cambios sectoriales en países que aún se mantienen en la línea neoliberal, un ejemplo de ello es la reciente adopción de la “Ley de Sociedades de Convivencia” del Distrito Federal de México (2007), que reconoce las uniones de personas del mismo sexo.

Asimismo, instancias regionales y hemisféricas como la Comunidad Andina y la OEA, han formulado cláusulas de derechos humanos similares a las antes mencionadas.

Relaciones de poder entre las perspectivas de cambio y las expresiones de las resistencias conservadoras

En otras palabras, gracias a las acciones de los movimientos, especialmente LGBT y feminista, las instituciones están cambiando y las sociedades también, no obstante, el sexismo, el heterosexismo y la homofobia siguen siendo una suerte de eje transversal de muchas prácticas sociales. Y, adicionalmente, el surgimiento de nuevos grupos ultra conservadores, como el movimiento pro-vida, que beneficia del apoyo institucional del Vaticano y del gobierno estadounidense, ha ganado terreno y popularidad en casi todos los países.

Se trata entonces de un proceso complejo, en el cual cada país tiene sus propias contradicciones y matices. Brasil, por ejemplo, a la vez que ha impulsado las más progresistas iniciativas nacionales e internacionales en distintos tópicos relativos a sexualidades, registra el más alto índice de crímenes homofóbicos. De allí que una parte importante del movimiento por la diversidad sexual latinoamericano y caribeño, se mantenga aún en el campo reivindicatorio de los derechos humanos y la lucha contra la impunidad.

Debates y desafíos

La mercantilización del cuerpo, especialmente el de las mujeres; el negocio del sexo, que constituye una de las más rentables empresas de la globalización; la comercialización y banalización de la diversidad, conceptuándola como un catálogo comercial; y otras manifestaciones del capitalismo patriarcal, constituyen la antítesis de las propuestas de subversión de las relaciones de poder en la sexualidad, levantadas por los movimientos que actúan en este campo, y que convocan más bien a reivindicar las sexualidades desde la autonomía, la diversidad y la creatividad humana.

Pues, como lo señala la antes citada Beatriz Preciado: “El sexo del ser vivo se convierte en un objeto central de la política y de la gobernabilidad… Con ella el sexo (los órganos llamados « sexuales », las prácticas sexuales y también los códigos de la masculinidad y de la feminidad, las identidades sexuales normales y desviadas) forma parte de los cálculos del poder, haciendo de los discursos sobre el sexo y de las tecnologías de normalización de las identidades sexuales un agente de control sobre la vida”.

De allí que la apropiación de la sexualidad, la autodeterminación del cuerpo y la visibilidad de las sexualidades disidentes, surjan ahora más que nunca como potentes acciones directas de resistencia al heterosexismo, al patriarcado y al capitalismo.

El aporte inédito de este movimiento es justamente la visibilidad del contenido político y económico de las normatividades sexistas y heterosexistas omnipresentes en todas las sociedades; además de la revelación de los sesgos ideológicos que subyacen en las interpretaciones naturalistas de la sexualidad, que se remozan y readaptan a los distintos momentos históricos en todas las culturas, latitudes, religiones.

Perspectivas de cambios socio político en las propuestas de alternativas a la globalización

En los últimos años, los movimientos sociales, han hecho públicos distintos posicionamientos relativos a la diversidad sexual, especialmente en lo concerniente a la orientación sexual [2]. Por propuesta del Dialogo Sur-Sur LGBT, la Asamblea Mundial de los Movimientos Sociales, incluye desde hace varios años claros pronunciamientos en su Declaración y en su Plan de Movilizaciones. El Llamamiento del 2006 lo formula así: “We affirm our respect for sexual diversity and the autonomy of individuals. We respect each person’s right to freely make decisions about their body and sexuality. We reject any form of discrimination related to personal choice and we call for support of the mobilization on June 28 for the full recognition of sexual diversity.” [3]

El Foro Social Mundial y el Foro Social Américas, además de contemplar estos principios en sus políticas de igualdad, han colocado diversidades y género como sus ejes transversales, tanto para el abordaje del conjunto de problemáticas inherentes a su propuesta central: pensar y construir “otro mundo posible”; como para el tratamiento del conjunto de asuntos relativos a las resistencias a la globalización. Por tratarse de la más amplia iniciativa mundial de la historia, la interacción plural entre distintos movimientos, intelectuales y activistas, preocupados/as en las problemáticas de la diversidad sexual, con aquellos de los más diversos sectores, ha provocado una apertura sin precedentes para la concreción de visiones e iniciativas interseccionales.

Por otro lado, tanto el movimiento feminista como el LGBT, muchas veces focalizados en el pasado en problemáticas consideradas como específicas, vienen desarrollando y/o visibilizando en el presente siglo, una gran diversidad de propuestas y reivindicaciones de contenidos múltiples. El más notable ejemplo es la “Carta Mundial de las Mujeres para la Humanidad”, acuñada por la Marcha Mundial de las Mujeres, que aborda los aspectos más cruciales para resarcir la suerte de las mujeres y aquella del mundo. En esta las problemáticas relativas a la justicia sexual están presentes y son parte de la amplia visión enunciada para los cambios, que alude a la paz, la justicia económica, la pobreza, etc.

Asimismo, como parte de estas dinámicas amplias en participación y contenidos, redes y movimientos LGBT han iniciado un desarrollo de propuestas convergentes con aquellas de cambio de modelo [4]. El Dialogo Sur/Sur LGBT, es por ejemplo parte de procesos colectivos tales como el de la Comunidad web de los Movimientos Sociales, compuesta por el movimiento campesino, habitacional, urbano, de mujeres, antirracista, y otros; es miembro del Consejo Internacional del Foro Social Mundial; y es red activa en la Asamblea Mundial de los Movimientos Sociales. La confluencia política resulta en una apropiación progresiva de las propuestas de derechos sexuales por parte del conjunto.

Decenas de iniciativas regionales y locales reflejan este rico proceso de interacciones, que los movimientos sociales han emprendido a escala mundial. Pero también hay que destacar que las más importantes propuestas teóricas y políticas en emergencia, tales como la de desglobalización, la alterglobalización, el socialismo del siglo XXI, las alternativas a la globalización, y otras, se sustentan en visiones incluyentes, que colocan al cotidiano como un escenario de los cambios posibles. Problemáticas tales como la mercantilización del cuerpo de las mujeres, el tráfico de personas, el derecho a la autonomía personal, y otros, son ahora parte de este universo de análisis.

Un importante aspecto de los recientes desarrollos del movimiento de alternativas a la globalización es la pluralidad, la interacción entre los mundos político, académico, militante, y popular, en el proceso creativo de imaginar otro mundo posible. Uno de los resultados de esto es la visualización de un universo diverso, con prácticas y pensamientos múltiples, que procura desarrollar tanto convergencias discursivas como acciones concretas. En otras palabras, los cambios en la política sexual y de género en el siglo XXI está relacionada con las propuestas de cambio de modelo, con medidas concretas para viabilizar la igualdad, y sustentar la autodeterminación social, política, económica, de los cuerpos, de las identidades, etc.

Notas

[1] Convention on the Elimination of All Forms of Discrimination Against Women (CEDAW), adopted in 1979 by the UN General Assembly

[2] Leon Irene Ed, La Otra América en Debate, Aportes del Foro Social Américas, Foro Social Américas, Ecuador 2006, 494 pg

[3] http://www.movimientos.org/fsm2006/show_text.php3?key=6428

[4] Leon Irene, Mtetwa Phumi, Globalization: LGBT Alternatives, LGBT South-South Dialogue, Ecuador 2003, 97 pgs


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