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09-04-2013

Hacia la construcción de una Democracia participativa y protagónica

por María de Lourdes Urbaneja
María de Lourdes Urbaneja

[**Ponencia presentada durante el panel: Elecciones en Venezuela: lecturas y Aprendizajes, Quito, noviembre 2012*]

La convocatoria al análisis del proceso electoral presidencial de octubre de 2012 en Venezuela, apela al abordaje de múltiples temas y contenidos, al tiempo que constituye una provocación para reflexionar sobre una realidad reciente, que a la vez evoca ya la otra convocatoria inmediata a las elecciones regionales próximas [1]. Ahora bien, nos pareció muy importante reflexionar sobre el siete de octubre de 2012 para extraer aprendizajes, más allá de lo que significa para el país esta elección, porque las elecciones presidenciales en Venezuela tienen consecuencias no solo nacionales, sino para todo este lado de nuestro continente.

La Venezuela del siete de octubre es una referencia para la lucha social y política de los pueblos de nuestra América. Así ha sido vista porque en Venezuela, como se sabe, existe un proceso que desde 1999 impulsa una nueva forma de construir una sociedad más justa, de iguales, de ciudadanos y ciudadanas con derechos. En ese marco, se han abierto espacios muy importantes para la organización y la participación social, hacia la construcción de una patria digna.

Por ello, el Presidente Hugo Chávez lo afirmó muy claro en esa contienda: no se trataba de ganar, se trataba de ganar bien, por knock out. Esta declaración, lejos de ser una bravuconada, tenía un sentido definido, pues la derecha radical y extrema siempre tiene planes escondidos. La Revolución bolivariana necesitaba de un gran triunfo para que no quedara margen alguno a quienes apostaron a la restauración del pasado, del capitalismo.

Cuando el presidente Chávez ascendió al poder en 1999, América Latina estaba al borde de ser colonizada por Estados Unidos, a través del Acuerdo de Libre Comercio para las Américas (ALCA). El neoliberalismo campeaba por doquier y el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial seguían espoleando nuestra riqueza y expropiando nuestro futuro.

Hoy la realidad es bien distinta. América Latina es la región que con decisión y creatividad busca nuevas arquitecturas, nuevos paradigmas financieros, económicos y sociales en la lucha por construir una alternativa al capitalismo. En ello, Venezuela ha sido y es un puntal muy importante. Para la Venezuela bolivariana ha sido fundamental convertir a los ciudadanos y ciudadanas en sujetos de la política y no en objetos de ella, en una ciudadanía que pueda disponer de los derechos que tuvo negados. La Revolución bolivariana ha logrado el fortalecimiento de la politización de la sociedad. Este es un contenido muy importante de lo que es la Venezuela de hoy y de lo ocurrido el siete de octubre.

Con ese triunfo se ha podido avanzar significativamente en la construcción de una democracia participativa, protagónica, solidaria, con justicia social, en dirección de esa utopía que hemos llamado el «socialismo del siglo xxi». El proyecto de país de la Revolución bolivariana ha generado la oposición más violenta de la vieja clase política, de los grandes empresarios, de la gente acostumbrada a imponer, y a disfrutar de imponer, el imperialismo. En ese contexto, las elecciones del siete de octubre no fueron una contienda electoral cualquiera: allí se enfrentaron dos proyectos de país.

Según el enfoque del proyecto bolivariano, la crisis que actualmente sufren los llamados «países desarrollados» es consecuencia de los desequilibrios y contradicciones intrínsecos del sistema capitalista. La voracidad por acumular mayor riqueza origina no solo la destrucción irreversible del planeta, sino también la justificación de incontables sufrimientos y penalidades sobre millones de seres humanos. Nunca antes la humanidad había padecido una desigualdad tan atroz, con tan pocas personas y empresas monopolizando gigantescas fortunas, creadas a través de la manipulación financiera y la especulación desmedida, a costa de la miseria de la mayoría de la humanidad.

Ante este hecho, la propuesta bolivariana es un compromiso ético con políticas sociales, garantizadoras de derechos, de trabajo, de la redistribución de la riqueza, de la reforma agraria que garantiza la tierra para quien la cultiva y trabaja, y asimismo del acceso a los alimentos, a disfrutar de una vida digna, a la vivienda. Estas políticas han eliminado el analfabetismo y reducido la pobreza en más de 20 puntos porcentuales en apenas una década. Estas políticas nacen de un compromiso con una mejor calidad de vida, del compromiso con el Buen Vivir.

En Venezuela, del otro lado está el otro proyecto, el de la llamada «Mesa de la Unidad», cuyo programa, por cierto, no fue hecho explícito. Se trataba de un programa neoliberal que se planteaba la entrega de los recursos naturales al extranjero, la privatización de PDVSA y de todas las empresas públicas y el fin de los programas sociales bolivarianos. En fin, nada menos que la subordinación de todas las necesidades de la sociedad a los intereses de las empresas privadas.

Este era el requisito primero exigido por sus financistas internacionales: cero presencia del Estado, para que el mercado se encargara de regular la economía. A través de todo ello, este proyecto contemplaba, además, romper con la unidad regional.

Washington obró el milagro de que la derecha se presentara unida a los comicios. Es conocido que hasta entonces la derecha venezolana no había logrado estructurar una propuesta unificada, pero lo logró por esta vía. Por supuesto, no se trató de una unidad sólida, se maquilló con discursos diferentes, con amplia cobertura en los medios nacionales y transnacionales. Con todo, se trataba de la misma derecha golpista, la que añora la dependencia de las grandes transnacionales. Significaba su posibilidad de volver al poder.

Este es el origen de su ofrecimiento de apoyo a la candidatura de Henrique Capriles Radonski: apoyo material, financiero, publicitario, todo en defensa del gran capital. La estrategia de la oposición era clara: los sectores no democráticos estaban preparados para intentar las acciones desestabilizadoras. Manuel Cabieses, director de la revista chilena Punto Final, ha recordado que todo es posible cuando Estados Unidos y su socio y sirviente se juegan la vida, como lo demostraron en Chile en 1973, y ahora mucho más recientemente con Lugo en Paraguay. Por ello, no bastaba con ganar, sino ganar bien, de modo que no quedaran dudas, como dijo el presidente Chávez.

Venezuela ha sido pieza fundamental de esta nueva América Latina, algo que Washington comprende muy bien. El gobierno bolivariano ha impulsado militantemente la construcción de un proyecto regional que no contempla la presencia de Estados Unidos. Por tanto, el siete de octubre no estaba en juego un proceso electoral más. La preocupación de América Latina era esencial: de ganar el candidato de la derecha el proceso de regreso al pasado se garantizaría para el Imperio. Para ese poder es fundamental terminar con los procesos de integración latinoamericana, con el ALBA, con UNASUR, con la CELAC. Su meta era volver al ALCA.

Contra ese proyecto resultaba fundamental la consolidación de las conquistas alcanzadas en los últimos catorce años, como respuesta definida a los desafíos y esperanzas de lo conquistado, para avanzar y fortalecer el camino democrático hacia la soberanía, la independencia económica y la justicia social. El enfrentamiento real que tuvo lugar en esas elecciones fue entre estos dos proyectos diametralmente opuestos. Uno de independencia y soberanía, de una democracia con participación popular, y el otro con mentalidad colonizada, individualista, dependiente de los intereses foráneos, el de la recomposición neoliberal que se muestra hoy en una crisis estructural del capitalismo.

El camino recorrido en esta última década por el gobierno bolivariano ha abierto nuevas posibilidades y esperanzas a la lucha por la soberanía de su pueblo, para superar la pobreza, el hambre, la marginalidad y la dependencia. Esta ha sido y es una lucha decisiva. El amplio triunfo obtenido el siete de octubre, con la reelección por amplio margen del presidente Chávez, significó poder seguir avanzando en la construcción del socialismo del siglo xxi, en la construcción de un país libre, soberano y unido, e integrado a la unidad continental. Fue un paso fundamental, no solo para Venezuela, sino para todo nuestro continente.

P.-S.

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Notas

[1] NDE: Las elecciones regionales que se celebraron el 16 de diciembre del 2012, culminaron igualmente con el triunfo de la Revolución Bolivariana, http://www.cne.gob.ve/web/normativa...


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