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02-01-2013

Pistas y desafíos en la geopolítica latinoamericana

Ana Esther Ceceña

I

¿Construyendo la economía-mundo del Pacífico?

El teatro de operaciones de Estados Unidos en la zona del Medio Oriente y Asia Central, ya de suyo complejo, ha multiplicado sus aristas geopolíticas y ha diversificado los frentes. Extendido hasta el África mediterránea, y en una ofensiva voraz hacia los territorios que hacen la bisagra entre los tres continentes que colindan con este mar (Siria y Gaza sobre todo), ha obligado a medir fuerzas y equilibrios con todas las potencias regionales en disputa.

De diferentes maneras, China, Rusia, Irán e India marcan los límites y los objetivos del desplazamiento en el que el petróleo y gas de la región definen sus rumbos posibles y la relación de vulnerabilidades relativas en el tablero mundial.

El Atlántico cedió primacía en favor del Mediterráneo, donde el juego involucra las deficiencias del territorio europeo y limita sus ímpetus de competencia, y del Pacífico, que apunta al flanco más abierto y fluido de la Asia profunda.

América, lejana geográficamente y aparentemente desligada, nuevamente se erige como el parteaguas. Casi podríamos decir el meridiano cero de una hegemonía multidisputada -pero hasta ahora reafirmada-, desde donde se intenta intervenir hacia los dos extremos de la masa tricontinental Europa-Asia-África.

En este nivel, la apuesta en América parece dirigirse a la consolidación de un eje territorial de seguridad de punta a punta del conticontinente, que se ha venido constituyendo bajo el nombre de Alianza del Pacífico.

Las líneas estratégicas de esta Alianza son tres:

1. Materialmente se trata de un complejo o franja geográfica a manera de dique, que separa o cerca los países con procesos de transformación democrática o de reivindicación de soberanías fuera de las líneas hegemónicas pretendidas universales. Su conformación inicial puede claramente relacionarse con la necesidad de detener la expansión de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) y las otras iniciativas paralelas de integración como Petrocaribe o Banco del Sur, que empezaban a despertar expectativas entre los países y pueblos de América Latina y suspicacias o irritación en los ámbitos de la Casa Blanca.

La Alianza del Pacífico tiene un carácter ambiguo que la desliza de lo económico a lo militar, y los cuatro países principales en su constitución están abiertamente comprometidos con las políticas hemisféricas emitidas por Washington: Colombia (Plan Colombia con 6 bases militares además de un conjunto de políticas contrainsurgentes hacia dentro del país y hacia la región circundante, Convenio para el establecimiento de 7 nuevas bases militares y recientemente Tratado de Libre Comercio); México (Tratado de Libre Comercio de América del Norte, Alianza para la Seguridad y Prosperidad de América del Norte, Iniciativa Mérida y “guerra contra el narco”); Chile (Tratado de Libre Comercio, colaboración estrecha en el campo militar y nueva base militar para capacitación en conflictos urbanos en Concón); y Perú (territorio de realización de los ejercicios militares más masivos en el continente y recientemente Tratado de Libre Comercio).

En conjunto es un área de complicidad de espectro amplio, lo mismo en el terreno de las políticas económicas, las inversiones de grandes transnacionales y el funcionamiento financiero, que en el de las políticas de seguridad y las normas de contrainsurgencia, que se ha constituido como bloque frente a su entorno, y que va sumando formal o informalmente a otros integrantes como Panamá, Costa Rica y por supuesto Honduras, al tiempo que corta el paso entre los países de la ALBA o de estos con otros que intentan mantener relaciones confluyentes.

2. Simultáneamente la Alianza del Pacífico funciona como frontera de control de las relaciones económicas entre Asia y América, limitando la libertad de penetración para las inversiones chinas y cerrando las salidas directas al Pacífico para la zona industrial de Suramérica.

Si Brasil podía presentar algún tipo de desafío en el terreno de la distribución de poderes, le será mucho más complicado abrirse campo con un control de paso para sus enlaces con Asia Pacífico.

3. Y como contraparte esta región del Pacífico americano que abarca casi completa la costa que mira a Asia, es a la vez un área de grandes riquezas en biodiversidad con toda la gama de ecosistemas conocidos, en petróleo, en minerales de alto aprecio, e incluso en agua, conteniendo las fuentes generadoras del río Amazonas. Es decir, no sólo es una franja de especial importancia desde el punto de vista de la seguridad, sino también desde el económico por sus condiciones de alta diversidad estratégica y su potencial productivo.

II

Actualizando las redes de control

Si hace tan solo cinco años Estados Unidos había montado ya una red de bases militares que le permitían un macrocontrol sobre América Latina y el Caribe, de entonces a la fecha la situación ha dado un salto enorme a través de un conjunto de convenios, iniciativas, ejercicios, ocupaciones “humanitarias” y desplazamientos.

La ocupación militar de la cuenca grancaribeña es ya apabullante y está preparada para un trabajo de sofocamiento instantáneo por su desmedido poderío bélico. A bases fijas se han sumado bases itinerantes, drones, estaciones de telecomunicaciones y de centralización y procesamiento de información conectadas con los centros controladores en territorio norteamericano. (Ver mapa).

El Plan Colombia, y la descomposición social que le es consustancial, ha sido replicado, e incluso en ciertos campos perfeccionado, en el territorio mexicano, de manera que la securitización del continente y la conculcación de la democracia mediante prácticas de violencia desatada y de una naturalización de la impunidad se van convirtiendo en parte del paisaje latinoamericano.

La saturación de posiciones en la cuenca grancaribeña ha dado paso, en el último año, a una extensión de la red militar hacia el Cono Sur que empieza a delinear una franja que cubre tanto el área más poblada e industrializada como los yacimientos de agua, gas, oro, litio y algunas otras riquezas significativas de la zona.

La implantación del miedo, que ha tenido efectos paralizadores y ha sembrado la desesperanza va siendo, no obstante, remontada por los movimientos o colectivos que poco a poco inventan nuevos caminos para recuperar los espacios públicos y las posibilidades de la democracia.

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III

América Latina, tan diversa, no deja de sentirse incómoda con los supuestos de la doctrina Monroe y se rebela por todos los huecos que el poder hegemónico deja en el descuido, o por los que va horadando con sus variados ritmos, estilos y tenacidades. No se detiene pero se obstaculiza el avance de los megaproyectos; se denuncian y se combaten las bases militares; se retrasa la instalación de las mineras; se resisten los cambios de legislación; se investiga a las transnacionales; se defienden las otras formas de vida, las otras concepciones del mundo y de la pacha mama.

Una permanente mosca en la sopa que requiere controles locales más conocedores de su dinámica y más cercanos en todos los sentidos, de manera que una de las modalidades que se impulsa con fuerza actualmente es la corresponsabilidad activa y una especie de subcontratación, no sólo en los ámbitos privatizados más amplios cada vez, sino en la delegación de tareas de capacitación, monitoreo, diseño, entrenamiento y disciplinamiento a los socios regionales, con el fin de disminuir costos, tareas y, de pasada, aumentar las complicidades.

No obstante, la ofensiva latinoamericana no deja de mover fichas en el tablero. Con distintas intensidades y capacidades transformadoras destacan los procesos de integración que han dejado fuera el área anglosajona del continente. Y aunque en algunos casos Estados Unidos, sus intereses y políticas están claramente presentes a través de sus socios cercanos; en otros la distancia y la perspectiva independentista es mucho mayor.

Con todas sus limitaciones, estos espacios son indudables piezas maestras del rompecabezas geopolítico continental cuya mayor virtud es no dejar de moverse. La apuesta, por supuesto, vale todos los esfuerzos; la apuesta es por la vida.

P.-S.

Originalmente publicado en la revista América Latina en Movimiento Nº 480-481, "Integración suramericana: Temas estratégicos", noviembre-diciembre 2012. http://www.alainet.org/publica/480.phtml


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