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22-08-2012

Desinformación e ignorancia que circulan sobre Ecuador en caso Assange son frustrantes


Publicado originalmente por la Agencia Andes

El Daily Mail británico publicó el lunes un artículo describiendo a Ecuador como "un mundo de miedo bajo un dictador de izquierda que responde a la disidencia con mano de hierro".

Este "dictador", el presidente Rafael Correa, ha sido elegido dos veces por abrumadora mayoría; la más reciente cosechando un 52% en 2009, más del 20% por delante de su rival más cercano. La libertad y la imparcialidad de estas elecciones nunca han sido cuestionadas por ningún país o entidad. Sus índices de aprobación actuales están flotando justo por debajo del 60%.

Las preocupaciones sobre la libertad de expresión están justificadas, pero no debe exagerarse. Según el índice del año pasado, la libertad de prensa, publicada por Reporteros sin Fronteras, ha empeorado significativamente en la última década y especialmente en los últimos dos o tres años bajo Correa. Sin embargo, a pesar de que Ecuador se encuentra en la mitad inferior de la tabla, a sólo cuatro puntos por debajo de Brasil, y muy por delante de sus vecinos de América Latina, Perú y Colombia, así como India y Turquía, los análisis de Human Rights Watch han sido muy criticados por no hablar de toda la muestra.

La corrupción sigue siendo un problema político importante, pero vale la pena señalar que el año pasado Ecuador logró su mayor puntuación en el Índice de Percepción de la corrupción de Transparencia Internacional, el mismo que, aunque imperfecto, es la mejor medida que se tiene de la corrupción de un país desde 1996.

Por otra parte, desde 2009, Ecuador ha marcado la máxima puntuación en profundidad del índice de la información de crédito del Banco Mundial, que mide las normas que afectan a la calidad de la información para facilitar las decisiones de un préstamo. Sí, Ecuador está dañado, pero de acuerdo con estas medidas, al menos, parece estar recibiendo un puntaje ligeramente mejor, no peor.

Las afirmaciones acerca de los altos índices de pobreza y la inflación, desde que Correa asumió el poder, pueden ser fácilmente refutadas echando un vistazo a las cifras del Banco Mundial: la inflación al consumidor, con un promedio de 39% en la década del 90, y 26% en la primera mitad de los 2000, dista mucho del promedio de un 4,5% desde que Correa asumió el poder.

Y la pobreza no ha sido menor; con una pobreza extrema de 20% (de la población) en el 2000, pasó a 9,4% en 2012. La desigualdad también se encuentra en un mínimo histórico, con el coeficiente de Gini (que mide la desigualdad del ingreso) para medir por primera vez desde que comenzaron los registros, a menores de 50 años en el 2009, tuvo un descenso significativo de las tasas más próximas, diez años antes.

En 2010, Ecuador fue calificado por el Overseas Development Institute como uno de los 20 países en reducir la pobreza extrema y las tasas de mortalidad en menores de cinco años.

Tras destacar estos hechos sobre Ecuador bajo Correa, puede ser visto por como un intento de defenderlo a él, y tengo que admitir su innovación en la búsqueda de formas sostenibles financieramente para mantener el petróleo bajo tierra; y que es un pionero en la auditoría de la deuda; todo esto me ha impresionado.

Pero yo no podría estar más feliz si lo critican en una amplia gama de formas (libertad de prensa, protección del medio ambiente, política económica), al igual que lo harían con cualquier gobierno del mundo.

No son sólo los errores de hecho en la relación Ecuador/Correa; es el tono de los comentarios, que a menudo implican la desinformación que sigue siendo el sello distintivo de la política exterior occidental.

La arrogancia con que se crían los británicos desde edad temprana, posiblemente esté mejor resumida por Cecil Rhodes, colonizador del sur de África: "Recuerda que eres un inglés, y en consecuencia, has ganado el primer premio en la lotería de la vida."

Y esta vive en la actualidad en las observaciones políticamente aceptables de Godfrey Bloom, un eurodiputado cuyos puntos de vista se han debatido recientemente en la radio. En un arrebato memorable, dice a los oyentes: "Sólo tienes que visitar algunos de estos países, en particular Africa", y describe los coches Mercedes, gafas Ray Bans y "los relojes Rolex de oro que estos personajes usan".

Pero este es el más sutil, el más refinado desdeño, que es -posiblemente- incluso más perjudicial. David Aaronovitch, un influyente periodista británico dijo en Channel 4 News, la semana pasada, criticando al gobierno ecuatoriano en su historial de libertad de prensa: "No estoy seguro que (los ecuatorianos) entenderían lo que los derechos humanos son si vinieran y les golpearan a ellos en la parte posterior de la cabeza."

Tal lenguaje, sin duda, contribuye a una buena televisión, pero es increíblemente grosero y miope: muchas personas del mundo dirían lo mismo de Gran Bretaña, y con razón, dado el récord difícilmente brillante de su gobierno y las empresas.

No es que los periodistas y comentaristas no deban juzgar a otros países y sus políticos. Por supuesto que deberían. Se debe criticar y elogiar las políticas de otros gobiernos tal como lo hacen los suyos. Pero los británicos, en particular, tienen que hacer algo más que demostrar el equilibrio y la evidencia, después de siglos de señorío sobre el mundo; tienen que aprender a respetar.

A menudo esto significa tratar a los extranjeros no sólo como iguales, sino mucho más, como en el caso de Correa quien tiene un doctorado en economía, y cuyo compromiso con la reducción de la pobreza se refleja en su trabajo con las comunidades pobres a una edad joven.

P.-S.

Más articulos en la revista digital: De política, soberanías y Assange


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