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02-07-2012

¿Qué pasó en Paraguay?

Por César Romero

Juicio político sumario, definían los medios de derechas. Golpe parlamentario, los de izquierdas. Los conservadores referían una institucionalidad forzada. Lo cierto es que en Paraguay pasan muchas cosas desde que un Obispo de la Iglesia Católica primero amagó y finalmente ingreso a la arena política como aliado de un conglomerado de partidos y movimientos sociales, para acceder al Poder Ejecutivo de esta República que el mes pasado cumplía 201 años de vida independiente. Después de 4 años de gobierno y a 9 meses de unas elecciones generales, fue depuesto en menos de 48 horas, en una semana de hechos que todavía cuestan entender a cualquier analista.

Lugo había ganado las elecciones de abril de 2008 en una misma chapa con Federico Franco su sucesor con una alianza formada a meses de las elecciones. Con la Alianza Patriótica para el Cambio con 41% votos derrotó al Partido Colorado (31%). Los Colorados después de 61 años entregaban la Presidencia de la Republica tras un proceso eleccionario y por primera vez en la historia del país se inauguraba la alternancia política pacífica. Los partidos UNACE (22%), Patria Querida (2%) y los votos nulos (1%) y blancos (2%) se repartían las preferencias restantes. Sin embargo la fuerza de Lugo en el Parlamento no estaba cimentada efectivamente ya que contaba solo con 5 votos incondicionales de los 125 de ambas cámaras. El Partido Liberal de Franco su principal aliado, con unos 45 parlamentarios sumaba los votos que le permitía sentarse a negociar. La supremacía Colorada en la Corte Suprema de Justicia seguía indemne desde la mitad del siglo pasado.

Paraguay no conocía en su historia de traspasos de poder entre signos partidarios distintos sin golpes, asonadas o revoluciones. Aquí el primer elemento histórico que podemos definir también cultural en la idiosincrasia política paraguaya. Y la cultura tiene su peso. Ya en la primera semana pos elecciones Lugo y Franco se distanciaron. En el reparto de responsabilidades para el gobierno, Lugo jugo a promover nuevos liderazgos en el partido de Franco. En 4 años estimuló y también frenó con cargos a corrientes internas re-instalándose en el Liberalismo las luchas intestinas propias de su centenaria historia. El Partido Colorado se ocupó de reorganizarse para volver al poder, no sin luchas internas ante la posibilidad de concretar el objetivo con un proceso electoral en puertas. En las elecciones municipales del 2010, el Partido Colorado arrasó.

Crear una nueva hegemonía, era el argumento sottovoce que los allegados a Lugo esgrimían como explicación a las movidas de pieza que se hacían en el Gabinete del ex – Obispo, que hoy incluso depuesto mantiene un alto nivel de popularidad y aceptación (50%) pese al desgaste en función de gobierno, los escándalos de paternidad y las denuncias de nepotismo, mediocridad, adulonería, inutilidad y corrupción que en nada diferenciaron su gobierno de los anteriores. A la par se venía impostando la posibilidad de que uno de los aliados de izquierda cercano a Lugo, sea el candidato a sucederlo.

Lo que Lugo no forzó para nada fue la creación de políticas de estado que brinden un giro copernicano en la historia de los más los pobres. Quizás porque era consciente de sus fuerzas. Si bien no compró una hectárea de tierra para la reforma agraria, emblema de su campaña, movilizó y dio dinamismo a políticas sociales creadas por su antecesor el Colorado Nicanor Duarte, realizando con ellas una cobertura nunca antes vista.

El gobierno de Lugo continuó con la misma matriz políticas económicas del Partido Colorado. Negoció y consiguió con dignidad que Brasil reconozca mayores beneficios a Paraguay con el tratado energético de Itaipú. Con la Argentina para el caso de Yacyreta no le fue bien pese a los esfuerzos. En el concierto internacional, visibilizó a Paraguay no solo por las particularidades de su condición personal, si no porque llevó una voz diferente en los distintos ámbitos. Sembró numerosas iniciativas de carácter social iniciando el mejoramiento de caminos y rutas, impulsando la salud gratuita y la informatización de la educación escolar. Lugo, en definitiva visibilizó a las clases más desfavorecidas del Paraguay.

El depuesto presidente resultó impredecible con su estilo obispal que caracterizó estos 4 años de gobierno. Almorzaba con campesinos y cenaba con estancieros y empresarios del agro negocios. Exponía su condición de católico comprometido a medida que surgían sus escándalos personales. Escuchaba a todos pero terminaba haciendo lo que no le sugerían. Negociaba con Liberales pero entregaba poder a los Colorados y a la Izquierda. Llegó a vetar proyectos de leyes que el mismo promovió. Toda la prudencia y el sigilo característico de estas contradicciones que se estima un clero lo realiza en el mas invisible anonimato, el lo hacía frente a las cámaras. Y la interpretación era libre, por supuesto. Incluso, depuesto aceptó irse para al día siguiente desconocer todo el proceso que lo destituyo.

“Que hace Lugo, conversando con estos invasores de tierras. Esto no puede ser. Aquí lo que falta es que mueran unos cuantos” me decía el año pasado un acaudalado empresario nacido y prohijado en la dictadura de 34 años de Alfredo Stroessner. Régimen cuyos males seguimos padeciendo los paraguayos, sobre todo en cuanto a estructura de la tenencia de la tenencia de la tierra que hace que el 82% de la superficie esté en manos del 2% de la población. Aquella expresión quizás era una añoranza a los métodos que los personeros de la dictadura reivindicaban para instalar “la paz y el orden” de la que se jactaban el dictador y sus correligionarios que hasta hoy copan los cargos públicos, diplomáticos y políticos.

Así, el 15 de junio pasado, en Curuguaty, una localidad cercana a la frontera del Brasil, mueren 11 campesinos y 6 policías en un procedimiento de allanamiento fiscal y judicial a una ocupación de tierras. La propiedad de unas 2 mil hectáreas registradas a nombre de un conocido político colorado, estaban reivindicadas como malhabidas de posesión fraudulenta, por un grupo de 50 campesinos que se tenía información que estaban armados. Ante la conmoción de los hechos sin precedentes, renuncian el Ministro del Interior (Ministerio político por excelencia y responsable de la seguridad civil) y el Jefe de Policía. Lugo nombra como responsable de la cartera a un político colorado que había sido Fiscal General del Estado hasta hacia unos meses atrás y a quien el mismo había acusado de participar de una conspiración para derrocarlo en el primer año de su mandato. Como comandante de la policía, nombra al oficial que comandó los operativos Curuguayty.

La reacción fue explosiva y generalizada. Por este hecho referido y otras desprolijidades de la administración de Lugo que en su momento fueron escándalos políticos, el Partido Colorado pidió el juicio político en los términos que establece en la Constitución Nacional del Paraguay. Los liberales pidieron el cambio del Ministro del Interior nombrado y desoídos por Lugo casi por unanimidad se adhirieron a la propuesta Colorada. También los demás partidos, excepto los incondicionales de la Izquierda. La Cámara de Diputados por 61 votos a 1 aceptó el pedido de juicio y corrió traslado a la Cámara de Senadores que dictó un reglamento que establecía plazos de unas 24 horas para sustanciar el caso. Lugo pidió la inconstitucionalidad de la medida al Poder Judicial. Tres abogados presentaron su defensa en las 2 horas que se establecieron para el efecto.

El libelo acusatorio presentado por los fiscales acusadores de la Cámara de Diputados fue destrozado por la defensa del Presidente. La decisión sin embargo estaba tomada. Los Senadores por 39 votos a 4 lo destituyeron declarándolo culpable. En el palacio de Gobierno el ex-Obispo en compañía de sus más cercanos colaboradores inauguraba otra condición, la de Ex-Presidente y se iba a su casa, decía él, “por la puerta grande, la del corazón de sus compatriotas” desoyendo a sus íntimos que recomendaban saque a las Fuerzas Armadas a las calles, donde unas 10 mil personas se manifestaban a su favor y otras tanto en su contra.

Con la ausencia de los principales exponentes del Partido Colorado, que optaron por no participar de los actos que después de 72 años instalaba a sus principales adversarios en el Poder Ejecutivo, Federico Franco juraba en el parlamento ante la euforia de algunos de sus partidarios, los de su corriente interna. Unos días después la Corte Suprema de Justicia rechazaba la acción de inconstitucionalidad presentada por Lugo, citando como el argumento central un párrafo de un libro sobre derecho constitucional a dos tomos publicado por uno de los abogados que defendió a Lugo.

¿Qué es lo que estamos por hacer?” …“y decime vos, si tenes claro algún criterio…” es una conversación breve entre un Senador Colorado y otro Liberal en uno de los cuarto intermedio de la maratónica sesión que sentenció el inicio de “la era post Lugo”, como titula uno de los medios de prensa paraguayos.

¿Decisiones apuradas y trascendentes en medio de una gran confusión? ¿Plan certero? A juzgar de todo lo expuesto si bien este escenario estaba en la agenda de algunos, como una “acción alternativa”, no es menos cierto que todos los actores actuaron movidos por intereses. Todos. Incluso los diplomáticos los que vinieron a informarse de la situación y terminaron recomendando a las Fuerzas Amadas una intervención para restaurar el orden. El Partido Colorado, para destrozar toda posibilidad de la Alianza Patriótica de continuar en el poder. El UNACE y Patria Querida para forzar una alianza que los lleve al poder. Los Liberales por la posibilidad de hacerse del poder en un año eleccionario.

Incluso los mandatarios de países del MERCOSUR y UNASUR, terminan aprovechando la ocasión para “corregir al socio rebelde” y sustanciar el ingreso de Venezuela al MERCOSUR que venía siendo postergado hacia años por el parlamento paraguayo. El Nuncio Apostólico de la Santa Sede fue el primer representante diplomático en presentar sus saludos al nuevo Presidente, los Obispos de la Iglesia católica que le habían pedido a Lugo que no se presente a las elecciones, ahora, un día antes le pedían que renuncie para evitar un derramamiento de sangre.

Y como del árbol caído todo el mundo hace leña, los partidarios de Lugo, visto que con su destitución se extinguieron los impedimentos constitucionales que tenía para presentarse a las próximas elecciones, lo candidatearán a Senador al frente de una lista que una veintena de movimientos y partidos políticos que estando en el poder no lograban ponerse de acuerdo. Algunos que no tendrán cabida en los primeros lugares de la lista, empiezan a separarse del Ex-Presidente especulando otras oportunidades del proceso que continuará.

Como corolario de esto que parece el relato de un drama en varios actos, el lector sacara sus conclusiones. A mí, me da pena mi país.

P.-S.

El artículo forma parte de la compilación Junto a Paraguay ¡América Latina Resiste! FEDAEPS, Quito, 2012. Tomado de http://alainet.org/active/56107&amp...


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