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18-07-2012

Las mentiras paraguayas de las elites de Brasil

Joao Pedro Stedile

Apenas había terminado el golpe de Estado contra el presidente Fernando Lugo y flamantes voceros de la burguesía brasileña en el coro salieron a defender el golpe de Estado.

Sus argumentos eran los mismos de la corrupta oligarquía del Paraguay, repetido también en forma articulada con otros derechistas de todo el continente. El juicio político, aunque tan rápido, había estado bien. No importa si los motivos alegados eran verdaderos o justos.

Fueron repetidos argumentos paranoicos de la guerra fría: “El Paraguay se salvó de la guerra civil” o “Paraguay se salvó del terrorismo de los sin tierra.” Si la sociedad paraguaya estuviese dividida y armada, ciertamente los defensores del Presidente Lugo no aceptarían pacíficamente el golpe de Estado.

Curuguaty, que costó la vida a siete oficiales y 11 sin tierra, asesinados, no fue un conflicto de tierras tradicional. Sin que ninguno de los dos bandos estuviese dispuesto, hubo una masacre indiscriminada, claramente diseñado para crear una conmoción nacional. Hay indicios de que se trató de una emboscada de la derecha paraguaya para culpar al gobierno.

El conflicto fue el principal argumento utilizado para deponer al presidente. Si este criterio se utiliza en todos los países de América Latina, Fernando Henrique Cardoso será depuesto por la masacre de Carajás. O el gobernador de Sao Paulo, Alckmin, por el desalojo de Pinheirinho.

Paraguay es el país de mayor concentración de la tierra en el mundo. De sus 40 millones de hectáreas, 31,086,893 de hectáreas son de propiedad privada. Los otros 9 millones siguen siendo tierras públicas en la región del Chaco de baja fertilidad y la incidencia del agua. Sólo el 2% de los propietarios son dueños del 85% de todo el país. Entre los grandes terratenientes o propietarios de la tierra en el Paraguay, los hacendados extranjeros poseen 7,889,128 hectáreas, el 25% de las haciendas. No hay paralelismo en el mundo: un país que ha “renunciado” pacíficamente a los extranjeros el 25% de su territorio cultivable!. De esa área total en manos de extranjeros, 4.8 millones de hectáreas en pertenecen a brasileños.

En la base de estructura minufundiaria hay 350,000 familias, pequeños campesinos y terratenientes medianos. Alrededor de cien mil familias sin tierra. El gobierno reconoce que desde la dictadura de Stroessner (1954-1989) fueron entregados a los agricultores locales y extranjeros en torno a 10 millones de hectáreas de tierras públicas de manera ilegal y corrupta. Es en estas tierras que los movimientos campesinos en Paraguay reclaman una revisión.

Según el censo de Paraguay, en 2002 había 120,000 brasileños en el país sin la ciudadanía. De éstos, 2,000 propietarios controlan áreas superiores a un mil hectáreas y están dedicadas a la producción de soja y algodón para las empresas transnacionales como Monsanto, Syngenta, Dupont, Cargill, Bunge … Todavía hay un sector importante de los propietarios medianos y un gran número de brasileños sin tierra viven allí como trabajadores. Estos son los brasileños pobres que la prensa y la sociología rural han denominado “brasiguayos”.

El conflicto principal de la sociedad paraguaya y de los campesinos paraguayos es para recuperar los 4,8 millones de hectáreas usurpadas por los agricultores brasileños. De ahí la solidaridad de clase de los ruralistas brasileños que se manifestaron inmediatamente contra el gobierno de Lugo y a favor de sus colegas usurpadores.

P.-S.

El artículo forma parte de la compilación Junto a Paraguay ¡América Latina Resiste! FEDAEPS, Quito, 2012. Tomado de http://paraguayresiste.com/las-ment...


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