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06-05-2012

Propuestas del I Encuentro Nacional de ex Dirigentes Indígenas del Ecuador

¿Cómo Fortalecer las Comunidades para un Estado Plurinacional?

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I Encuentro Nacional de ex Dirigentes Indígenas del Ecuador

1. Economía y producción comunitaria

Base fundamental para el logro del Sumak Kawsay es fortalecer y ampliar la economía y la producción de nuestras comunidades, pueblos y nacionalidades, en el marco del sistema de economía social y solidaria que se establece en la Constitución.

La actual situación de nuestras comunidades está determinada por varios factores en cuanto a lo productivo: los sistemas de producción propios -basados en saberes y prácticas ancestrales, en el manejo de nuestras semillas y técnicas orgánicas de cultivo, en nuestras formas de organizar el trabajo y manejar las cosechas- están debilitados. Las nuevas generaciones necesitan incentivos para dedicarse a la agricultura, las tierras comunitarias son insuficientes y, en muchos casos, están erosionadas. Similares problemas se presentan frente a la producción artesanal.

Desde nuestros saberes y prácticas ancestrales, tenemos un acervo de soluciones productivas capaces de mantener a largo plazo los equilibrios de vida, pero se requiere condiciones para aprovecharlas y fortalecerlas en beneficio propio y del país. Son necesarias políticas públicas que atiendan esta problemática con formas que se adapten a nuestra realidad, a nuestra cultura, a las condiciones concretas que vivimos. Igualmente, es necesario que en la agenda y en el quehacer de nuestras organizaciones nacional y provinciales los temas productivos ocupen el lugar estratégico que merecen.

Planteamos estas propuestas iniciales:

• Todas las políticas públicas relacionadas con el acceso a factores de producción deben contemplar modalidades específicas, mecanismos particulares y trato preferencial para las comunidades, teniendo en cuenta que tenemos características específicas y desventajas acumuladas estructuralmente. Es necesario que el Estado defina líneas de apoyo y protección específicas para la producción y organización económica comunitaria, empezando por eliminar las barreras y complicaciones que impiden o limitan el acceso a recursos que ofrece en sus programas generales.

• El trato preferencial que planteamos debe basarse en el reconocimiento, revalorización, recuperación, fortalecimiento y actualización de los saberes, tecnologías y prácticas productivas que hemos preservado durante siglos en condiciones adversas. Esto requiere de líneas sostenidas de investigación, con métodos que permitan el diálogo de saberes, que posibiliten recuperar la información y saber de las ‘bibliotecas vivas’ que son nuestros mayores.

• El esquema de compras públicas debe crear líneas específicas, flexibles para la compra directa de la producción comunitaria, sin que ésta deba entregarse forzosamente a empresas o corporaciones que son las que negocian con el Estado.

• Es necesario que se establezcan líneas de crédito accesibles a las comunas, revisando y flexibilizando los requisitos de acuerdo con nuestra realidad y nuestras condiciones, que son diferentes de otras formas de propiedad y de producción.

• Requerimos políticas de precios concretas y un seguro específico que proteja nuestra producción.

• Planteamos un trabajo conjunto con el Servicio de Rentas Internas –SRI- para encontrar mecanismos que no obstaculicen nuestro desenvolvimiento como agentes económicos y, en cambio, que funcionen como medios de apoyo y redistribución acordes con nuestras condiciones.

• La producción comunitaria requiere incentivos, pues se desenvuelve en medio de desventajas y se ve obligada a competir, sin que esa sea su vocación. Entre los incentivos proponemos la entrega de un subsidio por producción agroecológica, que estimule la agricultura comunitaria y asegure unas condiciones mínimas de viabilidad, como base del autosustento alimentario y de la generación de excedentes, en los términos ya contemplados en la Ley Orgánica de Soberanía Alimentaria.

• Consideramos de suma importancia la recuperación y valoración de nuestras semillas propias, que son el resultado de largos procesos de manejo y mejoramiento para su adaptación a diversas condiciones del suelo y del clima, para la resistencia a plagas, y para una reproducción a largo plazo –lo que no ocurre con las semillas ‘mejoradas’ de formato comercial-. Estas semillas, que son bienes estratégicos no comerciales, patrimonio del país y de la humanidad, deben servir como base para las iniciativas públicas de mejoramiento de la calidad y el rendimiento de los cultivos.

• Proponemos que se definan políticas de comercialización orientadas al intercambio entre pequeños y medianos productores/as, tanto a nivel nacional como internacional, aprovechando a plenitud los mecanismos de comercio justo y de intercambios internacionales alternativos que contempla la Constitución, así como el comercio solidario entre los pueblos que impulsa la nueva integración regional. • La nueva Ley de Comunas debe ser un instrumento destacado para resolver los problemas productivos de nuestras comunidades. Para eso es necesaria nuestra participación directa en su debate y formulación final, por lo que pedimos a la Asamblea Nacional que propicie los espacios de participación directa con ese fin.

• Es necesario que podamos conocer de manera objetiva los posibles beneficios y las posibles afectaciones para las comunidades que se derivan del COOTAD. Plateamos a instancias como la SENPLADES que se haga una divulgación específica de estos aspectos y, al mismo tiempo, que se encuentren soluciones frente a conflictos que se han generado en la relación entre Municipios, Juntas Parroquiales y Comunas como resultado de esa Ley, preservando la continuidad de la organización ancestral comunitaria.

• Reiteramos el llamado de alerta sobre el peligro de suscribir TLC, que pondrían fin a nuestra agricultura, a nuestra existencia como comunidades, y traerían afectaciones muy graves a la economía nacional toda.

2. Educación, conocimientos y saberes

Una reivindicación fundante de nuestro movimiento, de los pueblos y nacionalidades indígenas, ha sido la Educación Bilingüe Intercultural –EIB-. Hoy constatamos que la propuesta inicial se distorsionó por factores internos y externos. La EIB tiene serios problemas acumulados en veinte años: los docentes han sido formados en esquemas convencionales que reproducen, muchos no manejan el quichua; las escuelas están divorciadas de las comunidades; las organizaciones y los líderes se han desentendido de la educación como elemento estratégico de nuestro fortalecimiento como pueblos; no se han dado aún condiciones desde el Estado para que los indígenas investiguen sobre sus propios conocimientos y se han impuesto como únicos válidos los conocimientos de la cultura occidental; nosotros mismos no valoramos los conocimientos propios. Ante esto, afirmamos y proponemos:

• Ningún pueblo es ‘analfabeto’. Todos los pueblos tienen conocimientos y sistemas de conocimientos propios, que deben ser visibilizados y recuperados como uno de los pilares de la EIB, además del idioma.

• Es urgente realizar una evaluación integral de la EIB y preparar una propuesta nueva, para los nuevos tiempos, de manera que siendo parte de un sistema nacional de educación intercultural recupere, valorice, preserve y potencie nuestra identidad, nuestros principios, nuestros saberes en todos los ámbitos: agricultura, artesanía, alimentación, medicina, manejo del espacio, relaciones equilibradas con la Madre Tierra, economía comunitaria, etc.

• Es indispensable que se creen condiciones a nivel del Estado y de las organizaciones para la recuperación y el respeto de los conocimientos propios. En ese marco, tanto en las actividades de formación como en las de investigación es clave el papel de los dirigentes mayores, que son los depositarios y portadores de saberes que, en muchos casos, no tienen registro escrito y corren el riesgo de perderse. Es importante, en ese sentido, que se amplíen los conceptos e instrumentos de ‘meritocracia’, de manera que permitan reconocer y aprovechar, en términos equivalentes, a las personas sabias de nuestra cultura.

• La actual Constitución es un instrumento valioso para cambiar la educación, para el diálogo de saberes, para la recuperación y actualización de conocimientos ancestrales como base del Sumak Kawsay; necesitamos conocer mejor y desarrollar sus contenidos.

• En un país plurinacional es básico reconocer y respetar las diversidades, construir la igualdad en la diversidad. Respetar la filosofía, la identidad y la cultura de los pueblos indígenas es indispensable para que el sistema educativo sirva al fortalecimiento de las comunidades y, al mismo tiempo, a hacer realidad el postulado de una sociedad intercultural.

• Los nuevos procesos de integración regional (ALBA, UNASUR, CELAC) deben ser enriquecidos y aprovechados desde y para la pluralidad de saberes, creando mecanismos concretos de articulación y conocimiento mutuo entre los pueblos, de sus sistemas de conocimientos, como base para la solución de problemas comunes y para el avance hacia la economía y la sociedad del Sumak Kawsay en la región.

3. Salud y medicina ancestral

Nuestro enfoque sobre la salud es integral, está basado en una cosmovisión que ubica los procesos de vida como una conjunción de lo material, lo espiritual y lo temporal, cuyas energías son inseparables. Esto da fundamento a un sistema de conocimientos y de prácticas que buscan mantener equilibrios de vida, que se remiten a calendarios que establecen momentos de ritualidad, de relación con el cosmos, con nuestros ancestros, con la tierra y el agua, con los alimentos y todos los seres vivientes que se generan en la Pachamama.

Una de las grandes contradicciones que vivimos como pueblos ancestrales, es que siendo los generadores y portadores de conocimientos estratégicos en cuanto a plantas medicinales y alimenticias, a principios de armonía y curación naturales, seamos al mismo tiempo los que padecemos los peores índices de salud en el país, situación que resulta, principalmente, de las injusticias históricas que afrontamos en cuanto a condiciones de vida, de producción y de trabajo, a la inadecuación o inexistencia de servicios, al no reconocimiento y estigmatización de nuestros saberes y prácticas.

Resulta también paradójico que nuestros saberes sean reconocidos, aprovechados y hasta comercializados por otros (científicos occidentales, transnacionales farmacéuticas), en tanto no son valorados y potenciados en función de nuestras comunidades y de la población del país y la región.

Planteamos la necesidad de políticas y acciones urgentes en los siguientes aspectos:

• La interculturalidad en las políticas, en la institucionalidad y en los servicios públicos de salud supone la valorización, fomento y actualización de los conocimientos ancestrales, con un sentido de complementariedad y refuerzo mutuo con la medicina occidental. Creemos posible no sólo su coexistencia, sino una retroalimentación para el logro de la salud integral como un derecho básico y como un bien público.

• Como parte de un sistema intercultural y complementario de salud, es fundamental que en nuestras comunidades contemos con las condiciones para la recuperación y la práctica de nuestros propios esquemas de prevención y curación, sostenidos a su vez en una alimentación adecuada y en la vivencia plena de nuestra cultura.

• Reconocer el sistema ancestral de salud como integrante del sistema nacional de salud implica democratizar y adecuar los esquemas de méritos y valoración, para que las y los agentes de salud indígena, con los diversos grados de conocimientos y destrezas que poseen, sean visibles y habilitados en su práctica, sea a nivel de las comunidades, de los servicios de salud pública, de los procesos de rescate y actualización de conocimientos, de formación y capacitación, y de investigación científica.

• Es necesario superar, de una vez por todas, el latente estigma sobre los conocimientos y prácticas de medicina ancestral. Esto implica acciones en todos los niveles de la sociedad y, de manera particular, el fomento de espacios de difusión e intercambio de experiencias entre los agentes de salud indígena y con el conjunto de actoras/es de la salud.

• Como expresión de la importancia estratégica de la salud en la agenda de los pueblos y nacionalidades indígenas, en su momento la CONAIE elaboró propuestas integrales y se crearon dirigencias de salud como parte de los esquemas de dirigencia de nuestras organizaciones. Es preciso que, tanto a nivel nacional, como regional y comunitario, esas dirigencias asuman un rol más proactivo para impulsar la salud intercultural en los términos de nuestra agenda histórica y de las posibilidades que abre nuestra Constitución.


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