Fedaeps  

Cambio civilizatorio

Economía Crítica

Alternativas

Resistencias

Diversidades

Feminismo

Nosotras
22-02-2008

Gestoras de soberanía alimentaria

Irene León

La alimentación es indisociable de la supervivencia humana, su descubrimiento y evolución corresponde a un largo proceso de investigación y creación históricamente encabezado por las mujeres. Desde la invención de la agricultura, pieza clave en esta materia, ellas han experimentado; hibridado semillas; seleccionado lo comestible y lo no comestible; preservado alimentos; inventado y refinado la dietética, la culinaria y sus instrumentos. A través de esto han generado uno de los más importantes referentes de cada una de las culturas y sociedades; y no es poco decir: ellas han alimentado al mundo.

Gracias a ello, la humanidad ha sobrevivido a los subsecuentes modelos concentradores de los bienes, que han alterado los preceptos previsivos de producción para el sustento y los han reemplazado por tratos de lucro, entre cuyas consecuencias figura el hambre, que atañe a unos 816 millones de personas y se incrementa a cada año de cuatro millones más [1]. Unos 40 países enfrentan un estado de emergencia alimenticia y una de cada seis personas padecen de desnutrición en los países en desarrollo [2], al punto que cada 3,6 segundos alguien, por lo general una niña, muere de inanición. Pero algunos países registran excedentes alimentarios y excesos en el consumo.

Con una cifra de negocios de unos 3.5 billones de dólares, el comercio de los alimentos procesados es actualmente uno de los filones más rentables que existen, solo que la clientela para comprarlos no es universal, pues más de un billón de personas viven con un ingreso de 1 dólar o menos por día y 2,7 mil millones con menos de 2; tres quintas partes de la población en los 61 países más pobres perciben el 6% del ingreso mundial [3]. Esto indica la sinrazón de la perspectiva comercial para encarar la problemática, pues las diferencias estructurales inherentes al capitalismo y la falta de distribución justa de los recursos alimenticios, aparecen, a todas luces, como los pilares sobre los cuales se levanta la crisis alimentaria que afecta al mundo.

Paradójicamente, la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación –FAO- institución encargada de velar por la seguridad alimentaria y tomar medidas viables para la erradicación del hambre, minimiza las prácticas de auto sustento y apunta a la agricultura comercial como la vía inequívoca para encaminar su mandato. Pondera además el problema en términos de oferta, demanda y demografía, y proyecta las soluciones en términos de consumo individual, dependiente de la fluctuación de los precios en el mercado [4]. Sus cuantificaciones y análisis omiten, por lo general, las diferencias estructurales y de género, apuntando más bien a sus consecuencias.

Según esta entidad, en sus proyecciones hasta el 2030 basadas en un hipotético crecimiento que generaría el mercado: “Al aumentar los ingresos, el acceso a los alimentos debe hacerse más igual. Esto es debido a que las personas con ingresos bajos gastan una elevada proporción del aumento de sus ingresos en alimentos, mientras que existe un límite máximo para la cantidad de alimentos que las personas ricas están dispuestas a consumir. Esta mayor igualdad tendrá un efecto importante en el número de personas desnutridas. Por ejemplo, en los 44 países cuya ingesta media de alimentos será superior a 2 700 kcal/día en 2015, se espera que el número de personas desnutridas sea de 295 millones. Pero si la desigualdad en el acceso a los alimentos se mantuviera constante al nivel actual, este número aumentaría hasta 400 millones” [5].

No obstante, esta misma entidad reconoce que: “El crecimiento económico no será suficientemente rápido. En el Níger, por ejemplo, 3,3 millones de personas (o el 41 por ciento de la población) padecían desnutrición en 1990-92. Para alcanzar el objetivo de la Cumbre Mundial sobre la Alimentación, el número de personas desnutridas tendría que descender hasta 1,65 millones (o el 9 por ciento de población) en el año 2015. Para conseguir esto, se necesitarían tasas de crecimiento muy por encima de las que el Níger ha experimentado a lo largo de los dos últimos decenios.” [6]

En otras palabras, lograr el acometido de resolver el problema del hambre y la alimentación a través de los mecanismos mercantiles es bastante improbable. Pues al mantener las diferencias estructurales y la mala distribución intactas, nada indica que los ingresos potenciales de los consumidores vayan a mejorar. Peor aún, en un escenario caracterizado por el acaparamiento transnacional de la agricultura y la alimentación, y por la irrupción del juego de los capitales financieros especulativos en el sector, las tendencias apuntan sólo hacia una mayor polarización.

De hecho, estas dinámicas no sólo son el principal impedimento para el mantenimiento y desarrollo de las prácticas de autosustento alimentario, sino que la misma vida campesina como entidad social, cultural y económica, está en riesgo de desaparecer ante el surgimiento de monumentales fábricas de alimentos procesados y transgénicos, que al implantarse inhabilitan los elementos constitutivos de la vida campesina.

Pensar que el mercado, reconocido por no reinvertir en los países catalogados como productores de materias primas y por juntar sus mejores esfuerzos en lucrar y concentrar capitales, vaya a convertirse en redistribuidor de alimentos, es una expectativa discordante con el principio mismo de distribución, pues sus metas apenas compromete la posibilidad de generar consumo.

Lo que sí es previsible es que las mujeres continúen alimentando a la humanidad, pues sin ninguna duda, las prácticas de producción de alimentos que aún se conservan en sus manos continúan siendo previsivas. Y, tal como están las cosas, ellas abastecen ya entre el 60 y el 80% de la producción alimenticia de los países más pobres y alrededor del 50% mundial.

Los huertos domésticos que ellas mantienen “...son, muchas veces, verdaderos laboratorios experimentales informales, al interior de los cuales ellas transfieren, favorecen y cuidan las especies autóctonas, experimentándolas a fondo y adoptándolas para lograr productos específicos y si es posible variados, que ellas están en capacidad de producir. Un estudio reciente realizado en Asia ha mostrado que 60 huertos de un mismo pueblo contenían unas 230 especies vegetales diferentes. La diversidad de cada huerto era de 15 a 60 especies” [7]. En India “las mujeres utilizan 150 especies diferentes de plantas para la alimentación humana y animal y para el cuidado de la salud. En Bengala occidental, hay 124 especies de "malezas" que se recogen en los arrozales y tienen importancia económica para las agricultoras. En la región de Veracruz, México, las campesinas utilizan alrededor de 435 especies de flora y fauna silvestre de las cuales 229 son comestibles” [8].

Gracias al acumulado de conocimientos relativos a la práctica agrícola, a la previsión productiva, al procesamiento y distribución, las mujeres, aún en contextos de pobreza extrema, alimentan a la humanidad y mantienen patrones de consumo congruentes con el cuidado de la tierra y la colectividad. Sin embargo, al momento de definir las políticas agrícolas y alimenticias esta es una consideración de último rango, pues en el mundo del rey mercado, ellas apenas mantienen el dominio del 1% de las tierras agrícolas y es en ese pequeñísimo espacio que ellas logran tales rendimientos.

El sesgo patriarcal que se manifiesta en las políticas y medidas internacionales, se manifiesta igualmente en el ámbito nacional y en las prácticas locales. Las desigualdades de género en el mundo rural han sido señaladas entre las más crudas de las relaciones sociales que afectan a la sociedad y en especial a las mujeres [9], cuya invisibilidad histórica llevó a que su propia existencia como sujetos tan solo empezara a ser reconocida en el último cuarto del siglo pasado. Hasta ahora, aunque han sido adoptadas significativas políticas en distintas esferas, en la práctica, la discriminación en el mundo campesino y en el de la alimentación se mantiene casi intacta, especialmente porque las mujeres no son consideradas aún ni actoras económicas, ni productoras de conocimientos, ni sujetos sociopolíticos integrales.

Más bien, en sentido contrario, mientras los conocimientos y prácticas agrícolas son privatizados, patentados y monopolizados por las grandes corporaciones, lo producido por ellas, -que suma hecha toca casi todo lo que se mueve en este universo-, es considerado como materia bruta, sin valor. Sus conocimientos en materia de semillas: recolección, clasificación, identificación de propiedades, almacenamiento, cualidades dietéticas y culinarias, la complementación entre ellas para prevenir enfermedades, entre otros, siguen casi inadvertidos y devaluados social y económicamente.

Peor aún, el dominio de lo alimentario sólo ha ganado valor y preponderancia con la irrupción de los capitales y sus dinámicas en la gestión. Tan sólo la Nestlé, considerada como el mayor conglomerado mundial de la alimentación, generó durante el 2005 una cifra de negocios récord de 74.342 millones de dólares, con un crecimiento de 7,5 por ciento respecto a 2004. El beneficio neto fue de 6.520 millones de dólares. Las mayores ventas y beneficios se registraron en Norte y Sudamérica, con ventas por 25.051 millones de dólares. Para 2006 espera un crecimiento de entre 5 y 6 por ciento, así como mejoras en el margen operacional. [10]

Con este tipo de indicios comerciales las posibilidades de control planetario de las corporaciones se multiplican y, a la vez, las relaciones de poder patriarcal y capitalista adquieren nuevos carices. Pues ya no se trata sólo del acaparamiento de recursos, la tierra, el agua, y los réditos sobre el trabajo de las personas, sino del control absoluto del mercado sobre las dinámicas sociales y hasta de la apropiación de la vida misma.

Así, si el cúmulo de injusticias históricas que pesan sobre las productoras y creadoras es ya abundante, la expropiación de sus conocimientos y de los medios para producir de manera autónoma, potenciada por esta fase de ascendencia del capital, en una época en la que justamente el conocimiento es consubstancial al valor, constituye una alienación sin precedentes.

Esto puede percibirse en las dinámicas que generan instrumentos tales como el Acuerdo sobre los Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio –ADPIC- [11], que prescribe la patentación de todos los recursos genéticos, cuya aplicación actúa como un principio dictatorial que aniquila los conocimientos de las campesinas y las posibilidades de desarrollarlos para el bien común. Pues además de la expoliación directa de estos, que son pirateados, patentados y por lo general expatriados por el sector privado, también ellas mismas son expelidas de sus ámbitos de vida. Bajo los regímenes del agronegocio y sus secuelas de trabajo agrícola y alimentario precario, muchas son empujadas además a la migración.

La pérdida del contexto de producción campesina, redunda en la privación del escenario (medio espacio propio, contexto físico) y del potencial de desarrollar y/o mantener conocimientos. Mientras que las transnacionales dan prioridad al desenvolvimiento y monopolio de estos últimos; la Nestlé, por ejemplo, cuenta con con 17 centros de investigación repartidos por todo el mundo, en los que trabajan 3.500 especialistas, y destina un 1,5% de su cifra de negocio a la investigación. [12]

Adicionalmente, la patentación de las creaciones de las mujeres, las obliga desde ya a comprar franquicias a los dueños de las patentes, para poder continuar ejerciendo con sus propios inventos: la agricultura, el procesamiento de alimentos, la salud tradicional, u otros. Esto conjura con las estrategias de supervivencia que ellas han desarrollado, con sus prácticas productivas y distributivas.

“Aquellas que producen y comercializan cereales, derivados agrícolas, y hasta platos típicos, sólo podrán hacerlo, bajo la obtención de franquicias, compradas a los dueños de las patentes, de sendas (las) invenciones que ellas mismas han creado” [13]. En términos concretos esto significa el aniquilamiento de las redes de distribución alimentaria urbana y rural, que abastece a las mayorías empobrecidas del planeta. En tanto que la importancia y poderío de los conglomerados de alimentación barata está en pleno auge.

En España, por ejemplo, las empresas de comida rápida figuran entre las primeras de las 100 de mayor facturación. Según la guía de Franquicias y Oportunidades de Negocio 2006 de Tormo & Asociados, el número de estas redes se ha multiplicado, en dos años han pasado de 19 a 27. Esta cifra supone un total de 2.253 establecimientos que facturan casi un millón de euros al año cada uno. Eso sí, abrir una de estas franquicias requiere una inversión media de 300.000 Euros y locales amplios que en muchos casos deben superar los 100 m2. Asimismo, tan sólo Pescanova, grupo de alimentos congelados, obtuvo en el primer semestre de 2006 un beneficio neto de 6,95 millones de euros, un 5,5% más que en el mismo periodo del año anterior. [14]

Según la FAO y sus conocidas filiaciones mercantiles, esto es una opción de consumo individual; la preferencia por la comida rápida: pizza, hamburguesas y otros, es para esta entidad un asunto inherente a la globalización y representa una posibilidad de paliar a las carencias de calorías, cuyo acceso es considerado como un pilar para la erradicación del hambre. A la cola de esto figuran las consideraciones humanas y hasta las propias nociones capitalistas de calidad de vida.

Las leyes de mercado; los acuerdos de libre comercio; el poder de las transnacionales y la carta blanca para sus negocios otorgada por las normativas de la Organización Mundial de Comercio –OMC-; la prospección biogenética y la biopiratería; son las más omnipresentes amenazas sobre los conocimientos de las mujeres, sobre su relación con la tierra, la agricultura, la producción alimentaria y la vida.

La soberanía alimentaria: una ética de vida

La Vía Campesina ha acuñado el concepto de soberanía alimentaria [15], no sólo como una alternativa para los graves problemas que afectan a la alimentación mundial y a la agricultura, sino como una propuesta de futuro sustentada en principios de humanidad, tales como los de autonomía y autodeterminación de los pueblos. Según la dirigenta campesina chilena, Francisca Rodríguez, se trata más bien de un principio, de una ética de vida, de una manera de ver el mundo y construirlo sobre bases de justicia e igualdad [16].

Para las mujeres campesinas este concepto es consubstancial a su propia existencia y definición social, pues su universo ha sido históricamente construido, en gran parte, en torno al proceso creativo de la producción alimentaria. Su reto actual, en palabras de Lidia Senra, Secretaria General del Sindicato Labrego Galego, es hacer que al construir esta propuesta, queden atrás los prejuicios sexistas y que esta nueva visión del mundo incluya a las mujeres, las reivindique, y les permita la opción de ser campesinas en pie de igualdad [17].

No obstante, la ideología patriarcal, es columna vertebral de las tendencias capitalistas que apuntan a la premisa de que hay que producir más, lo que equivale a depredar más, y desarrollar tecnologías, como las resultantes de la biogenética, para maximizar la rentabilidad [18]. Las lógicas que subyacen en esta visión de la producción para el comercio y la exportación, son diametralmente opuestas de aquellas que nutren las propuestas y prácticas de autosustento, desarrolladas a través de los tiempos por las mujeres; son también la antítesis del concepto de soberanía alimentaria, pues cuando el mercado decide sobre las políticas agrícolas y las prácticas alimentarias que resultan de ellas, los pueblos apenas tienen el papel de consumidores y, en casos, de empleados, no de tomadores de decisiones.

“Desde hace decenios, las organizaciones campesinas y ecologistas han sustentado y comprobado, que la actual producción de alimentos es más que suficiente para alimentar a todas y todos. Han insistido en que lo que hay que cambiar son los patrones de producción y consumo de los países ricos y establecer una distribución igualitaria de los bienes alimenticios” [19], y aún más, han insistido en la ligazón entre buena alimentación y salud, pero el planteo de las políticas internacionales -soportadas en las consecuencias y no en las causas- continúa enfocado problemas y soluciones aisladas, mismo aún si los costos y esfuerzos para encaminarlos se multiplican entre ellos.

Optar por la soberanía alimentaria implica entonces un giro radical de las políticas productivistas mercantiles actuales, bajo cuyo dominio, como ya lo señalamos, la crisis alimentaria y el hambre no cesan de aumentar. Pues en la realidad es en la pequeña agricultura, área donde se ubican principalmente las prácticas productivas de las mujeres, donde se registran no solo los resultados más concluyentes contundentes, sino que se generan modos de vida congruentes con la sostenibilidad y la redistribución. Según Peter Rosset, “En cada país –donde los datos estén disponibles- se puede comprobar que las pequeñas fincas son, en cualquier parte, de 200 a 1.000 por ciento más productivas por unidad de área” [20].

Pero, es justamente la pequeña producción la más amenazada por las políticas liberalizadoras de la Organización Mundial de Comercio, pues además del dumping y la competencia desigual entre ésta y el agronegocio, sus preceptos radican en una visión contraria a la sostenibilidad alimentaria: el monocultivo intensivo y la comercialización regida por las reglas del comercio internacional, área enteramente controlada por el mercado.

Precisamente por eso que la Vía Campesina brega por que la agricultura se mantenga al margen de la OMC, pues el desarrollo de ésta bajo principios previsivos, implica no sólo el registro de las cantidades de los productos exportables y de su libre flujo, sino el florecimiento de un modo de vida acorde con el respeto del medio ambiente y la generación de culturas, como también de éticas acordes con el mantenimiento y la renovación de valores humanos fundados en la justicia social y de género.

Si las personas del campo se beneficiaran de condiciones que les permitan concentrar su energía en el trabajo agrícola, podrían asumir fácilmente la soberanía alimentaria por las generaciones a venir. Un ejemplo de ello es el caso de África Subsahariana, una de las regiones más afectadas por el hambre y la desnutrición en el mundo, donde paradójicamente los recursos naturales disponibles son ampliamente subutilizados, ya que el continente solo produce el 0.8% de lo que podría retirar de su potencial agrícola, afirma Devlin Kuyek [21].

Gestoras de soberanía alimentaria y de su propia autonomía

El reto emprendido por la Articulación de Mujeres de la Vía Campesina, es uno de gran talla, pues la formulación de una perspectiva de género para la soberanía alimentaria está ineludiblemente asociada a la vindicación de una de las áreas de producción y conocimientos más devaluadas socialmente, e incluso asociada al confinamiento de las mujeres: la producción de alimentos. Para cuyo desarrollo han sido, contradictoriamente, necesarios siglos de investigación, creación, y producción de conocimientos que ellas han desarrollado.

La división patriarcal del trabajo ha rescindido el valor de estas creaciones y más aún ha hecho de ellas un terreno de exclusión, de allí que para las mujeres el reivindicarla implica una amplia agenda de reparaciones que aluden directamente a la transformación de las relaciones de desigualdad entre los géneros en todas las esferas. Así, sus demandas no se restringen a las dinámicas productivas sino que abarcan el conjunto de relaciones sociales inherentes, precisamente, a la soberanía, la autodeterminación y la justicia de género.

Para alimentar a la humanidad, las mujeres han desarrollado complejos mecanismos de producción, procesamiento, distribución, pero además han enfrentado las relaciones desiguales que resultan del trabajo doméstico impago, “que prodiga gratuitamente cuidados, resultantes de conocimientos multidisciplinarios que, aún en condiciones de extrema pobreza, generan calidad de vida y permiten el funcionamiento societal. Adicionalmente, las asalariadas invierten prioritariamente sus ingresos en este ámbito, mientras las otras, desde lo informal, redoblan de ingenio para, a través de pequeñas iniciativas vinculadas principalmente a la agricultura, la producción y venta de alimentos o la artesanía, obtener recursos económicos, por lo general invertidos en el bienestar familiar” [22]. No obstante, hasta el trabajo informal de las mujeres corre peligro de desaparecer ante la imponencia de los capitales transnacionales.

Por eso, la agenda reivindicativa de las mujeres de la Vía Campesina asocia inextricablemente la justicia de género con el desarrollo de la propuesta de la soberanía alimentaria, no sólo en consideración del importante papel que ellas juegan en la materia, sino porque ellas la conciben como una ética para el desarrollo humano y no como un simple vehículo para la alimentación.

Al colocar al centro de sus reivindicaciones el derecho humano a la alimentación, las campesinas abogan por la reorientación de las políticas alimentarias en función de los intereses de los pueblos, lo que apela a la refundación de valores colectivos y la revalorización de cosmovisiones integrales. Para encaminar este propósito, ellas enfatizan en la reivindicación de la igualdad de género en el conjunto del planeamiento y toma de decisiones relacionadas con el agro y la alimentación, lo que incluye su participación en los diseños estratégicos para la preservación de las semillas y otros conocimientos.

La valoración de los conocimientos de las mujeres en la agricultura, la alimentación y la gestión de la vida, implica la transformación de los estereotipos generados por el capitalismo y el patriarcado, para que ellas puedan, al fin, alcanzar su calidad de sujetos, su ciudadanía a parte entera y continuar ampliando y aplicando sus conocimientos. Para lograrlo, como la señala el manifiesto sobre soberanía alimentaria de la Marcha Mundial de las Mujeres, el “camino es reconocer que la sustentabilidad de la vida humana, en la cual la alimentación es una parte fundamental, debe estar en el centro de la economía y de la organización de la sociedad“ [23].

Así, si la soberanía alimentaria es una propuesta para la humanidad, esta no puede prescindir de las mujeres como sujetos sociales integrales, máxime si lo que está en cuestión es la gestión universal de sus creaciones.

Bibliografía consultada

Agora Nord-Sud. Globalització i Agricultura, Jornades per a la Sonirania Alimentaria, ponencies, Catalunya, 2003

Articulación de Mujeres de la Vía Campesina, Declaración de la II Asamblea Internacional de Mujeres Rurales, Sao Paulo, Brasil, junio 2004

Articulación de Mujeres de la CLOC/Vía Campesina, 21 desafíos para las mujeres rurales, indígenas y pescadoras, Articulación de Mujeres de la CLOC, ed. ANAMURI, Chile, 2002;

Comissió Internacional sobre el Futur dels Aliments y l’Agricultura, Sobre el Futur dels Aliments, Agora, Nord-Sud, Catalunya, 2005

Corinna Heinke, La Vida en Venta: Transgénicos, Patentes y Biodiversidad, Fundación Heinrich Boll, El Salvador, 2002

Devlin Kuyek, “Les cultures génétiquement modifiées en Afrique et leurs conséquences pour les petits agriculteurs”, août 2002, www.grain.org/fr/publication...

Encuentro Nacional e Internacional por la Soberanía Alimentaria y Contra los Transgénicos, Declaración Final, Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, 2002

Enildo Iglesias, Sobre la responsabilidad social corporativa de Nestlé, La Insignia, mayo 2006 http://www.lainsignia.org/2006/mayo...

Entrepueblos, Terra, llavors y dignitat, el dret des pobles a la terra en un món globalizat, 3-Fasic, 2002, Catalunya

Escuela Regional de Mujeres: Ya es tiempo de la Soberanía Alimentaria, Declaración, Uruguay, Noviembre 2006

FAO, ¿Cumpliremos con el objetivo de reducir el hambre?, FAO, octubre 2006, http://www.fao.org/newsroom/es/news...

FAO, Agricultura mundial: hacia los años 2015/2030. Informe resumido..., 2006, http://www.fao.org/docrep/004/y3557... Ver Anexo 1

FAO-CIP, Declaración de 3 Consulta Regional para América Latina y el Caribe FAO-CIP, Organizaciones No Gubernamentales, Organizaciones de la Sociedad Civil, Guatemala, Abril, 2004

Foro Mundial sobre Soberanía Alimentaria, Declaración Final, La Habana, Cuba, Septiembre 2001

Francisca Rodríguez, alocución presentada en el III Congreso Mundial de la Vía Campesina, Brasil 2005

Francisco Javier Toro Sánchez, Giuliaserena Gagliardini, La Seguridad Alimentaria y la FAO: Una revisión crítica de los informes sobre el estado mundial de la agricultura y la alimentación, España, marzo 2006, http://www.ub.es/geocrit/b3w-637.htm Irene León y Magdalena León Ed, Mujeres contra el ALCA: razones y alternativas, ALAI, Ecuador, 2002 Irene León, “Campesinas e impacto ambiental”, www.alainet.org Irene León, “Mujeres Rurales: Desafíos y construcción organizativa”, www.alainet.org

Irene León, “Semillas y conocimientos de las mujeres”, 2003, www.alainet.org

Irene León, De Mujeres, vida y semillas, in Sementes, patrimonio dos povos, Vía Campesina Brasil, 2005

João Pedro Stedile, “La OMC es de los ricos y para los ricos: Y la queremos lejos de la agricultura”, www.alainet.org 2001-11-12

Lidia Senra, Presentación de los Propósitos de la II Asamblea de Mujeres de la Vía Campesina, Santiago de Compostela, Noviembre 2006

Marcha Mundial de las Mujeres, Soberanía alimentaria: tierra, semillas y alimento, 2006, www.viacampesina.org

Movimento de Trabalhadores Rurales Sem Terra, A Questao da Mulher no MST, Brasil, 1996

Peter Rosset, El Dret a la Terra, Quatre textos sobre la reforma agraria, Agora Nord-Sud, Catalunya, 2004 Sally Bunning and Catherine Hill, “Farmers’ Rights in the Conservation and Use of Plant Genetic Resources: Who are the Farmers?”, Women in Development Service (SDWW) FAO Women and Population Division, WWW.fao.org

United Nations, Fast facts: The face of poverity, Millenium Project, United Nations, 2001

Vandana Shiva, “La masculinización de la agricultura: Monocultivos, monopolios y mitos”, Octubre de 1998, www.grain.org/sp/publication...

Vandana Shiva, Manifiesto para una democracia de la tierra, justicia, sostenibilidad y paz, Paidós, Estado y Sociedad 144, España, 2006

Vía Campesina, “Campesinas en Seattle dicen no a la OMC”, Seattle, 3 de diciembre, 1999, www.viacampesina.org

Vía Campesina, “Declaración de la I Asamblea Internacional de Mujeres Rurales e Indígenas”, India 2000, www.viacampesina.org

Vía Campesina, “Posición de la Vía Campesina sobre los tratados de libre comercio y la OMC”, Honduras, 1999, www.viacampesina.org

WTO, Acuerdo sobre los Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio, http://www.wto.org/spanish/docs_s/l...

P.-S.

Articulo Publicado en el Libro Soberanía Alimentaria desde y para el empoderamiento de las Mujeres. En el marco de las VI Jornadas sobre Estrategias Positivas de Desarrollo Vitoria-Gasteiz, País Vasco 2009.

Notas

[1] ¿Cumpliremos con el objetivo de reducir el hambre?, FAO, octubre 2006

[2] FAO, Agricultura mundial: hacia los años 2015/2030. Informe resumido..., 2006 Ver Anexo 1

[3] Fast facts: The face of poverity, Millenium Project, United Nations, 2001

[4] Francisco Javier Toro Sánchez, Giuliaserena Gagliardini, La Seguridad Alimentaria y la FAO: Una revisión crítica de los informes sobre el estado mundial de la agricultura y la alimentación, España, marzo 2006

[5] Idem 2

[6] Idem 2

[7] Sally Bunning and Catherine Hill, Farmemrs’ Rights in the Conservation and Use of Plant Genetic Resources: Who are the Farmers?, Women in Development Service (SDWW) FAO Women and Population Division, www.fao.org

[8] Vandana Shiva, “La masculinización de la agricultura: Monocultivos, monopolios y mitos”, Octubre de 1998

[9] Movimento de Trabalhadores Rurales Sem Terra, A Questao da Mulher no MST, Brasil, 1996, pp1

[10] Enildo Iglesias, Sobre la responsabilidad social corporativa de Nestle, La Insignia, mayo 2006

[11] Acuerdo sobre los Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio, define un marco legal internacional referente a la protección de la duración de patentes, a la materia patentable, así como a los mecanismos de sanción, incluso sanciones de comercio.

[12] Idem 10

[13] Irene León, De Mujeres, vida y semillas, in Sementes, patrimonio dos povos, Vía Campesina Brasil, 2005

[14] http://www.invertia.com/noticias/ti...

[15] “La soberanía alimentaria es el derecho de los pueblos a definir sus propias políticas de agricultura y alimentación, a proteger y regular su producción y el comercio agrícola interior para lograr sus objetivos de desarrollo sostenible, a decidir en que medida quieren ser autónomos y a limitar el dumping de productos en sus mercados”, Vïa Campesina, www.viacampesina.org

[16] Francisca Rodríguez, alocución presentada en el III Congreso Mundial de la Vía Campesina, Brasil 2005

[17] Lidia Senra, Presentación de los Propósitos de la II Asamblea de Mujeres de la Vía Campesina, Santiago de Compostela, Noviembre 2006

[18] Irene León, De Mujeres, vida y semillas, in Sementes, patrimonio dos povos, Vía Campesina Brasil, 2005

[19] Idem 18

[20] Peter Rosset, En Defensa de las Pequeñas Fincas, en El Dret a la Terra, Quatre textos sobre la reforma agraria, Agora Nord-Sud, Catalunya, 2004, pg 131

[21] Devlin Kuyek, Les cultures génétiquement modifiées en Afrique et leurs conséquences pour les petits agriculteurs, août 2002

[22] Idem 18

[23] Marcha Mundial de las Mujeres, Soberanía alimentaria: tierra, semillas y alimento, 2006, www.viacampesina.org


Fedaeps - Fundación de Estudios, Acción y Participación Social
Av. 12 de Octubre N18-24, oficina 203, Quito, Ecuador • (593 2) 255 9999 • info@fedaeps.org