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04-08-2011

Afrodescendencia: memoria, presente y porvenir

Artículo introductorio de la Revista Diversidades 3
Irene León

Oficialmente ya no queda esclavitud en Abya Yala, pero sí quedan cerca de veinte ’territorios no independientes’ [1] -es decir colonias- y un país bajo ocupación militar extranjera: Haití, que justamente fue la primera república independiente, liberada de la colonia en 1804.

De los ciento cincuenta millones de afrodescendientes que pueblan las Américas, una mayoría figura en las estadísticas de los llamados ’graves problemas’ humanos, sociales y económicos; y mientras el mercado se llena los bolsillos con la prolífica creación cultural afroamericana, cuando ésta se manifiesta libremente, es tachada de ’cultura marginal’ y hasta perseguida.

En el siglo XXI, a tono con la globalización, el racismo se ha reciclado en actualizadas versiones, y continúa marcando fronteras -locales e internacionales-, para delimitar los territorios posibles -o imposibles- para las personas de origen africano.

Por eso mismo, gana singular importancia el reconocimiento de las poblaciones afrodescendientes como pueblos, como registra la Constitución ecuatoriana de 2008, [2] que vindica, por primera vez, su calidad de sujetos históricos y de actores en la construcción de un porvenir, compartido con otros pueblos. En esa misma línea, la caracterización del Estado como plurinacional, como se ha pautado en Bolivia y Ecuador, abre posibilidades no sólo para novedosos enfoques de la territorialidad, sino también de distintos modos de vida, tecnologías y conocimientos, cosmovisiones y espiritualidades, visiones de la gestión colectiva y de las convivencias con otras y otros.

Cuba, Brasil, Venezuela, Bolivia, Uruguay y otros países de la región, han emprendido inéditas iniciativas de desarrollo de políticas públicas, institucionalidad, planes y metas, que están permitiendo encarar al racismo y a algunas de las brechas que éste produce. Pero largo será el camino por recorrer, pues hay contextos en los que parece que aún estuviéramos en 1511, cuando los primeros africanos, raptados y traficados, llegaron a estas tierras.

No obstante, las cosas están cambiando, y también por eso, la liberación de lo que el jamaiquino Bob Marley llamó ’esclavitud ideológica’ -’mental slavery’- es algo que, luego de siglos de resistencia, crece y se ensancha, ya sea a través de la reificación de Oxún, de Iemanjá o de la Kimbiamba, ya sea por la reestructuración de perspectivas y valores colectivos, que subsisten, a pesar de los siglos de positivismo obligatorio y de la masiva aculturación ’educativa’.

Hacia la descolonización

En 1619 sucedió la primera subasta de esclavos -conocida- en América del Norte, otras se produjeron en Brasil y en otros sitios; las liberaciones de la esclavitud, por su parte, despuntaron a finales del siglo XVIII, pero en los hechos aun no concluyen, pues en consonancia con la liberalización mercantil, se mantienen prácticas de comercialización de personas -sobre todo de mujeres y niñas-, sea para ejercer trabajos no deseados por otros o para dudosos fines, que se extienden hasta el tráfico de órganos.

En Estados Unidos, las cárceles están llenas de personas afrodescendientes, unas por no haber nacido ahí y andar ’sin papeles’, otras por deambular, por no tener techo, por robar para comer, o por lo que sea, y muchas/os solo por ser afrodescendientes y perder por eso la presunción de inocencia y el derecho a la libertad. La pérdida de referentes colectivos contribuye, en cierto modo, con la multiplicación de ’víctimas individuales’.

Estos ejemplos ilustran el por qué múltiples organizaciones de afrodescendientes colocan temas de dignidad histórica en sus prioridades y discursos: restaurar la memoria, la historia vivida, el desprendimiento y la reinserción en nuevas tierras.

Estos elementos confluyen con los planteamientos de descolonización en el siglo XXI levantados en algunos países, pues si para el conjunto de Latinoamérica y el Caribe ésta es una urgencia, para los pueblos afrodescendientes, es condición indispensable para su reemergencia como pueblos.

En ese mismo sentido, son profundamente relevantes los puentes tendidos por algunos gobiernos progresistas de América Latina y el Caribe con países de África, que además de abrir canales para la interrelación de raíces comunes, encaminan a visualizar una geografía diferente, una innovadora configuración geopolítica y un horizonte posible de futuro interrelacionado de los pueblos del Sur.

El momento de afirmaciones múltiples y de transformaciones que están sobre el tapete regional, abre también importantes posibilidades para una renovación relacional, pautada por el reconocimiento de las diversidades como elemento consubstancial de la vida planetaria. El enfoque del Buen Vivir, que ya es parte del universo constitucional de dos países (Bolivia y Ecuador) se fundamenta en la coexistencia armónica entre diversos/as.

El universo abierto por el proceso de integración regional es también un escenario posible para revolucionar y dejar atrás las culturas elitistas, que excluyeron a los pueblos y a sus prioridades de ese ámbito. Las propuestas de integración alternativa: UNASUR, ALBA y, sobre todo, la futura CELAC, solo serán alternativas y soberanas si integran en sus perspectivas, políticas y estructuras, las distintas visiones, formas organizativas, lenguas, expresiones culturales, prácticas económicas, formas de conocimientos, entre otros aspectos, de los pueblos afrodescendientes y otros pueblos, hasta ahora ninguneados por la historia.

Organizaciones venezolanas ya han propuesto la creación de un Consejo Consultivo Afrodescendiente, para que desde su fundación la CELAC tenga también identidad afrodescendiente, se comprometa a desarrollar política pública regional no racista e impulse a su concreción inmediata en todos sus países.

La propuesta de un decenio de Naciones Unidas para vindicar las situaciones de los pueblos afrodescendientes tiene propósitos similares, pues las situaciones estructurales que resultan de cinco siglos de una historia de exclusiones, solo podrán contrarrestarse con voluntad política, medidas y esfuerzos concretos, en reparaciones históricas que están pendientes desde hace mucho.

El momento es propicio para que los pueblos afrodescendientes se levanten y puedan construir nuevas relaciones sociales con sus respectivos entornos, donde el pluralismo y la diversidad sean los ejes orientadores.

La presente edición conjunta de las revistas América Latina en Movimiento y Diversidades recoge elementos de la memoria histórica, a la vez que refleja los debates y reflexiones que se están desarrollando con motivo de este Año Internacional de las Personas de Ascendencia Africana declarada por Naciones Unidas, y del X aniversario de la Conferencia Mundial contra el Racismo, la Discriminación Racial, la Xenofobia y todas las formas Conexas de Intolerancia.

Notas

[1] Puerto Rico, Guadalupe, Martinica, San Bartolomé, San Martín, Aruba, Bonaire, Curazao, Saba, Saint Eustaquio, Saint Maarten, Islas Caimán, Islas Turcos y Caicos, Islas Vírgenes, Islas Vírgenes Británicas, Anguila, Montserrat.

[2] Constitución de la República del Ecuador, Capitulo IV, Artículos 56 y 60


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